Ya viene la temporada de chinicuiles, la deliciosa oruga que todos los mexicanos deben probar al menos una vez en su vida. Los chinicuiles son popularmente conocidos como gusanos de maguey. Entre sus propiedades, se encuentra su rico valor nutricional, ya que su consumo aporta más proteínas que la carne, maíz o trigo.

Durante la época prehispánica, el chinicuil era un alimento exclusivo de la clase gobernante. Además de su delicioso sabor, se pensaba que aportaba fuerza viril. Al provenir de los magueyes, era asociado con el mundo de lo sagrado. En cuanto a su origen etimológico, chinicuil es una palabra de origen náhuatl cuyo significado es “gusano de chile”. Por el lado científico, se le denomina con el latín Hypta agavis.
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A los chinicuiles también se les conoce como chilochuil o techol. Se trata de una especie de lepidópteros, que a su vez pertenece a la familia de los cósidos. Emparentados con las mariposas, son originarios de América del Norte, habitando principalmente en zonas áridas y semidesérticas de México.
Los chinicuiles adultos suelen tener hábitos nocturnos y del mismo modo que las polillas aman estar cerca de las fuentes de luz como focos o velas. Presentan un cuerpo grueso, antenas bipectinadas con ápice filiforme, espiritrompa atrofiada y palpos cortos.
Las larvas de chinicuil son orugas de color rojo fuerte, miden cerca de cinco centímetros y están libres de pilosidades. En México, las larvas de chinicuiles no son combatidas como plaga, ya que forman parte de nuestra gastronomía, principalmente en los estados de Oaxaca e Hidalgo.
Si sigues sin ubicarlos, seguramente sí lo harás como como gusanos de maguey. Entre sus propiedades, se encuentra su rico valor nutricional, ya que su consumo aporta más proteínas que la carne, maíz o trigo.






