México.- Arturo Rudo Rivera fue la voz de la lucha libre en México durante muchos años y muchas de sus frases quedarán en la memoria de los fanáticos al pancracio.
Sin embargo, el comunicador se llevó a la tumba uno de los más grandes «secretos» sobre lo que pasó en Caborca.
Rivera dejó para la posteridad frases como: «Los rudos, los rudos y el Atlante», que tuvo como fuente de inspiración una campana de basura y al padre del torero Manolo Mejía, quien devotamente acudía a la Arena Coliseo para apoyar al bando mañoso al grito de «Los rudos, los rudos».
«Guácala de pollo» para referirse a los técnicos y «Le cayeron como aboneros en quincena» cuando aplicaban la ley del montonero a un luchador son otras de las frases legendarias de este singular narrador, quien hasta se dio el lujo de envolverse en un halo de misterio por una supuesta tragedia en el municipio de Caborca.
¿Qué pasó en Caborca?
En los inicios de la Triple A seguramente escuchaste decir a Arturo Rivera: «No vaya a pasar lo que pasó en Caborca», mientras sus compañeros decían que no, una frase que se repitió muchas veces en las transmisiones.
Caborca es un pueblo en Sonora, rodeado de mitos e historias sangrientas desde tiempos de la Revolución Mexicana, así como una versión extraoficial ligada a una tragedia en la lucha libre.
La leyenda cuenta que en 1992, un luchador de la AAA llamado Venom se presentó en esa tierra sonorense y sufrió una lesión en la pierna, pero la arena no contaba con atención médica y la ambulancia tardó dos horas en llegar al sitio. Para asombro de todos, se dice que la unidad de la Cruz Roja era solo una camioneta tipo Suburban pintada, sin equipo ni paramédicos, de ahí que no se quiera invocar lo que pasó en Caborca.
Las versiones lejanas del pancracio apuntan a que, en tiempos de la Revolución, las tropas de Pancho Villa se reunieron en Caborca para financiar la invasión a Columbus, EE.UU., pero todo terminó en tragedia porque, alcoholizados, surgieron diferencias que derivaron en la matanza de niños y mujeres, de ahí que se diga: «La fiesta no vaya a terminar en tragedia como pasó en Caborca».
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Otra versión que encuentra mayor aceptación entre los lugareños señala que, en 1867, una gran inundación provocó que el rio que pasa cerca de la población cambiara su cauce, provocando que todo se inundara. Con muertos contados por cientos, los sobrevivientes se tuvieron que refugiar en poblaciones aledañas, por lo que el regente de la ciudad supuestamente convocó a todos los expobladores a formar de nuevo el pueblo en otra localidad cercana.







