¿Por qué es tan difícil dejarla?, estudios arrojan dos culpables: el aspartame y la cafeína. O, para ser más precisos: la adicción al azúcar y a la cafeína. Por separado, son dañinos; juntos, son la pesadilla de un adicto.

Una lata de 355 mililitros de Coca-Cola normal tiene 34 miligramos de cafeína, mientras que la Coca-Cola Light tiene 11 miligramos más, según la empresa. (Una taza de café de 230 mililitros tiene unos 95 miligramos). Los edulcorantes artificiales activan el sistema de recompensa del cerebro, pero solo la mitad que el azúcar normal, según Peeke. El sustituto de azúcar no tiene el mismo efecto que el real, por lo que te hace querer cada vez más.

Esto no solo está relacionado con el aumento de peso, sobre todo en el vientre, sino que también provoca antojos. El aspartame es 200 veces más dulce que el azúcar de mesa. Quienes la consumen en abundancia están tan acostumbrados a su sabor superdulce que todo lo demás les parece insípido en comparación.

Si mientras lees esto tienes un refresco en la mano, puede que al acabar lo vacíes en el desagüe que tengas más cerca. Al menos ese es el objetivo del Día Internacional para Dejar los refrescos, una iniciativa que se celebra hoy por primera vez y que pretende concienciar a los consumidores de los peligros para la salud de estas bebidas azucaradas, además de animar a las administraciones para que tomen medidas para reducir su consumo.

Lo dice la OMS, lo corroboran numerosos -y rigurosos- estudios científicos, y lo suscriben los nutricionistas que quieren que te nutras tú y no la cuenta de beneficios de las grandes empresas alimentarias: una ingesta elevada de azúcar perjudica la salud, y el consumo ideal no debería superar los 25 gramos diarios. Los refrescos no aportan al organismo mucho más que eso: azúcar, aditivos, agua… y ningún nutriente.

Además de su gran cantidad de azúcar, hay más motivos importantes por los que despedirse de estos líquidos. Hemos hablado con seis autoridades de la nutrición y les hemos pedido amablemente que nos expliquen las principales razones para tomar la senda hacia una dieta sin bebidas azucaradas.

Te puede interesar: ¿Servir a Dios o vivir con una escritora de erotismo? La dura decisión de un obispo

Reducirás tu riesgo de padecer sobrepeso y obesidad

El consumo de bebidas azucaradas como los refrescos “incrementa el riesgo de padecer diabetes tipo 2, obesidad, enfermedades cardiovasculares y cáncer”, explica nuestro nutricionista de cabecera Juan Revenga. Esta realidad es la que lleva al Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer y a la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard a desaconsejar el consumo de estas bebidas.

Ana Amengual, nutricionista y autora del blog Biografiadeunplato, subraya que los consumidores de este tipo de bebidas “conviven cada día más estrechamente con el riesgo de padecer muchos problemas de salud”. Amengual lo ilustra gráficamente: “Un refresco de cola o naranja puede contener unas 8 o 9 cucharaditas de azúcar. Imagina la situación en la que proponemos a una persona que come y cena con un refresco azucarado que, en lugar de esa bebida, tome agua con 8 cucharaditas de azúcar. Seguramente le parecerá espantoso”, continúa.

Además, como apunta Miguel Á. Lurueña, autor del blog Gominolas de Petróleo, el consumo habitual de azúcares simples como los que contienen estas bebidas “altera la forma en que se percibe el sabor dulce y aumentan el umbral de percepción que tenemos del mismo”. En este sentido, hay estudios que sugieren que podría tener efectos sobre el mecanismo de recompensa, es decir, el placer que sentimos cuando notamos el sabor dulce. Finalmente, también afectaría a nuestro peso por una mayor apetencia este tipo de alimentos, que normalmente son muy calóricos. Sin embargo, Lurueña considera necesario “realizar más investigaciones a este respecto para poder confirmar o refutar estas cuestiones”.

Disminuirá la posibilidad de tener diabetes o enfermedades cardiovasculares

Te ponemos un ejemplo que quizá te resulte familiar: el consumo diario de una lata de refresco azucarado durante 10 años incrementa el riesgo de padecer diabetes tipo 2 en un 18% con independencia del peso que tenga el individuo. A esto, hay que sumar otro dato que nos da el nutricionista Julio Basulto: las bebidas azucaradas se relacionan también con el incremento de la grasa abdominal profunda, que también se asocia estrechamente con la diabetes tipo 2 y la enfermedad cardíaca.

Te puede interesar: Joven de Coahuila busca trabajo para su novia embarazada… él no trabaja porque ‘le da calor y le duele la cabeza’

Tendrás menos posibilidades de sufrir osteoporosis

No es sólo una cuestión de azúcar. Cada vez que se toma un refresco, se ingieren ácidos, aditivos y mucho gas. Algunos de estos como la cafeína o el ácido fosfórico, según indica Ana Amengual, aumentan la eliminación de calcio a través de la orina. Otros, como los oxalatos, inhiben la absorción del calcio que estamos incorporando a través de los alimentos, “por lo que ya podemos encontrar estudios que relacionan el consumo de estos productos con la osteoporosis”, añade.

El nutricionista Antonio Ballesteros, firmante de la web Las dietas engordan, matiza este aspecto: “La ingesta de bebidas de cola está asociada a una mayor incidencia de osteoporosis en mujeres por el contenido de cafeína y ácido fosfórico de las mismas, lo que impide la absorción de calcio. Sin embargo, otros estudios también concluyen que uno de los mayores problemas podría ser el desplazamiento de la leche en la dieta. Parece ser que los investigadores no tienen en cuenta el calcio presente en otros alimentos”.

No se te caerán los dientes

El azúcar que llevan estas bebidas entra dentro de los denominados “azúcares libres”. “Este grupo incluye todos los monosacáridos y los disacáridos añadidos a los alimentos por los fabricantes, cocineros o consumidores, así como también los azúcares presentes de forma natural en la miel o los zumos de fruta, por ejemplo”, nos detalla Carlos Casabona, pediatra y responsable de la web www.tueligesloquecomes.com. “Estos azúcares -añade- se diferencian de los azúcares intrínsecos que se encuentran en las frutas y las verduras enteras frescas”.