La Biblia dice que habrá siete años de vacas gordas y siete de vacas flacas… abundancia y escasez, opulencia y carencias; pero en México hace décadas que no se ve, más que para muy pocos la riqueza, la mayoría de la población, ha visto disminuidos sus niveles de confort y su calidad de vida, como si fuera cierto el dicho de los ancianos… “que todo tiempo pasado fue mejor”; aunque esto es muy relativo, lo cierto es que después del COVID-19, se han sucedido verdaderas tragedias, apareció el sarampión erradicado del País desde hace muchos años, la producción agropecuaria en lugar de aumentar va disminuyendo, en los últimos 60 años la población aumentó en más de un 100% y la producción de alimentos no ha crecido al mismo ritmo, la dependencia alimentaria sigue creciendo, hace mucho tiempo que ni en el principal alimento de las y los mexicanos, el maíz, somos autosuficientes y cada vez es necesario importar más y más; pero le siguen otros y para colmo, en la producción pecuaria, que estaba proporcionando excelentes beneficios, se atraviesa el gusano barrenador del ganado y cierran las fronteras a las exportaciones de bovinos.
No es que ahora estemos peor, es que no se ha podido salir del rezago y atraso que se tiene, que no hay una política de autosuficiencia alimentaria y de aumentar la producción agropecuaria, se ha abandonado al campo: sin estímulos, soportes, ni apoyos; y así no se mantiene un País libre y soberano, cuando dependes del exterior hasta en la comida.
La crisis económica amenaza en convertirse a una situación sin control, la especulación y la inflación, son sólo el primer paso.






