Ciudad de México.- Alan David Picasso enfrentó en Riad la prueba más exigente de su carrera al medirse con Naoya Inoue, campeón indiscutido y referente absoluto del boxeo mundial. El mexicano subió al ring con la convicción propia de un contendiente serio, pero descendió con la primera derrota de su trayectoria profesional y con una noción clara de lo que implica medirse ante la élite consolidada del deporte.

El combate se extendió a los doce asaltos, un factor que dimensiona la resistencia y disciplina mostradas por Picasso. A lo largo de la pelea intentó ajustar su estrategia y buscar oportunidades, aunque con el paso de los rounds se hizo evidente la diferencia de jerarquía. Inoue controló el ritmo, cerró espacios y castigó con precisión, neutralizando cada intento del mexicano mediante una lectura táctica constante y un trabajo efectivo al cuerpo.

Las tarjetas finales, 120-108, 119-109 y 117-111, reflejaron una derrota amplia que marcó un punto de inflexión en la carrera del peleador nacional, ahora con marca de 32-1-1. Más allá del resultado, la contienda dejó una lección contundente: enfrentar al campeón, completar la distancia y asumir el resultado sin atajos representa un ejercicio de carácter y una referencia clara del camino que aún resta por recorrer en la búsqueda de la cima.