La lluvia de estrellas más famosa del año fue relacionada por la iglesia católica desde la Edad Media con las lágrimas que vertió San Lorenzo durante su martirio en la hoguera, un 10 de agosto del 258. Este fenómeno celeste no es único.
La verdad es que ni son estrellas fugaces ni tampoco es un acontecimiento místico: son lluvias de meteoros.
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Cada lluvia de meteoros recibe un nombre que asocia este fenómeno con una zona del cielo llamada radiante, donde parecen converger la dirección de los meteoros que penetran en nuestra atmósfera.

En el caso de las Perseidas, el radiante está en la constelación de Perseo, de ahí su nombre, y los meteoros en cuestión proceden del cometa 109P/Swift-Tuttle. Estos objetos normalmente se desintegran en la atmósfera entre los 100 y 80 km de altura con una velocidad que ronda los 200 000 km/h.
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Cada año, desde el 17 de julio al 24 de agosto, esta lluvia de meteoros está activa, aunque la probabilidad de ver meteoros se va incrementando diariamente hasta llegar a su punto álgido. Según qué año, varía entre el 11 y 13 de agosto.
Según la IMO, en 2021 su máxima intensidad corresponde a la madrugada del 11 al 12 de agosto. A partir de aquí su intensidad va disminuyendo.








