Vaticano.-  En medio de la solemnidad que rodea las apariciones públicas en la Santa Sede, el Papa León XIV protagonizó este viernes un momento de profunda ternura que rompió con todo protocolo. Durante su procesión por la Vía de la Conciliación, el Sumo Pontífice detuvo su marcha al quedar cautivado por un asistente muy especial: un bebé vestido meticulosamente con los atributos de la indumentaria papal.

La imagen del «mini pontífice», cargado en brazos por su madre entre la multitud, no pasó desapercibida para León XIV, quien pidió detener el paso para acercarse a la familia.

Con una expresión de evidente alegría, el Papa se aproximó al pequeño. En un silencio respetuoso que pronto se transformó en ovación, León XIV realizó la señal de la cruz en la frente del niño, un gesto cargado de simbolismo que fue interpretado por los presentes como una muestra de su especial predilección por la infancia y la sencillez.