Las imágenes que transmitimos por RCG Media eran determinantes; otra vez, la vacunación se volvió un relajo, pero como era para jóvenes de 18 a 29 años, hubo gritos, empujones, desmanes e infinidad de mentadas de madre.
En ningún proceso de vacunación había sucedido lo que hoy. Sí hubo quejas por estar a la interperie a pleno sol, sin siquiera una agüita en la fila, para que después de cuatro horas, te digan que se acabaron las vacunas. Pero lo de hoy fue pésimo.
Pésimo, porque no llegaron suficientes vacunas hacia la población más alta que supera los 190 mil de 18 a 29 años.
Pésimo, porque en los cinco días destinados, el sábado había sillas vacías, porque ese día los jóvenes sólo piensan en divertirse (la mayoría claro), y no en vacunarse para no morir de covid.
Pésimo, porque la Secretaría del Bienestar guarda la información y no la suelta a tiempo. Y el asunto aquí no es tan difícil.¡Tenemos tres mil vacunas y solo recibiremos a esos tres mil con su solicitud llenada y punto!
El no hacerlo genera expectativas de atención que en algunos jóvenes generó algo a lo que no están acostumbrados: a la frustración de no verse atendidos y que otros sí lo lograron por levantarse más temprano.
Da pena, ver a esos jóvenes quebrando vidrios y dando patadas a la puerta, para luego exigir la presencia del delegado, Reyes Flores Hurtado como si tuvieran derecho a exigir una vacuna que ya no había.
¿Exigir, todavía que llegaron a la hora y el día que se les pegó la gana?, eso es frustración acomodada.
Ojalá y esos factores que causaron desorden se terminen, como también la actitud de la mayoría de los jóvenes de estar fuera de contexto, ante una sociedad que ya los tiene como adultos irresponsables.






