Hay una generación de cineastas que están tratando de resignificar géneros y narrativas, respetando la forma y adornando el fondo con nuevas aproximaciones que hacen que los tratamientos se sientan con un aire fresco, actual y necesario.

Cineastas como Ari Aster, Robert Eggers, Yorgos Lanthimos y Jordan Peele han sabido ganarse su lugar en el séptimo arte con un cine de propuesta, y la llegada de ¡Nop! a las salas busca meterse dentro de esta clase de producciones, aunque tal vez con algunos tropiezos en el camino que pueden hacer que ames u odies el tratamiento.

El estadounidense Jordan Peele, quien saltó a la fama por su ópera prima Get Out y llamó la atención con la cinta Us, regresa con su tercer largometraje, una película que aborda una especie de invasión alienígena, abducciones, crítica al especismo y el terror a lo desconocido, ofreciendo una producción con distintas subtramas que tratan de concretar un argumento lineal y adjuntando una propuesta que no necesariamente se concreta de la mejor forma.

La cinta nos cuenta la historia de OJ y su hermana Eemerald, un par de cuidadores de un rancho de caballos en California que rentan a sus animales a producciones Hollywodenses, tras la extraña partida de su padre, una serie de sucesos inexplicables comenzarán a
acontecer mientras tratan de mantener a flote el negocio, iniciando una cacería para obtener pruebas de vida extraterrestre y enfrentándose a una amenaza de otro mundo.

La historia también ahonda en una trama paralela con el dueño de un centro de atracción en medio del desierto, quien anteriormente fue una estrella de televisión que presenció un hecho atroz en sus primeros años de carrera, realizando un paralelismo entre la dominación de especies y como una fuerza superior extraterrestre puede tomar el control de la humanidad.

Aunque la cinta se presta a una cantidad de interpretaciones, las referencias a cintas como Tiburón o El Cuarto Contacto nos acercan a una producción que juega con el temor que le tenemos a aquello que no podemos ver, elevando la tensión con escenas muy bien ejecutadas donde la oscuridad de la noche juega un papel importante, aunque para el tercer acto se arriesga a mostrarnos a toda luz al peligro que nos acecha.

La Paradoja de Fermi se ve retada durante las dos horas y diez minutos en las que la película se desarrolla, siendo muy concreta en el hecho de definir durante los primeros dos actos que tal vez existan vidas inteligentes en el universo, pero no tenemos evidencias y quizás haya una explicación para ello; aunque en este punto el guion se traiciona en repetidas ocasiones y coloca una serie de deus ex machina sutiles -porque si justifica ciertas intervenciones- pero no respeta las reglas que plantea durante toda la cinta, ignorando también los asentamientos lógicos del guion.

Las actuaciones de Daniel Kaluuya, Keke Palmer y Brandon Perea muestran una química que logra el avance positivo del desarrollo de los personajes y justifica de forma muy acertada las intenciones y matices, pero el rol de cada personaje no muestra una fuerza concreta de que o porque se relacionan entre ellos, dejando al aire vínculos que parecen necesarios.

La cinematografía de Hoyte van Hoytema, quien viene de trabajar con Nolan en Tenent y Dunkerque, es un elemento plausible que, con escenas bien ejecutadas y una iluminación que pasea entre las sombras y la luz con movimientos rápidos y un montaje árido con una paleta de colores secos, denotan peligro y mantiene lo mejor posible el tono con la música que nos anuncia el riesgo que se aproxima.