Ciudad de México.- La NASA ha externado preocupaciones sobre el asteroide Bennu, descubierto en 1999 y objeto de la misión OSIRIS-REX en 2018. A pesar de ser conocido por su potencial como fuente de ingredientes idóneos para la vida, existe una posibilidad remota de que este cuerpo celeste colisione con la Tierra en 160 años, en el año 2182.
Bennu, que pesa aproximadamente 17 mil millones de kilogramos y se desplaza a una velocidad de 100 mil kilómetros por hora, tiene un diámetro de 500 metros. Aunque la probabilidad de impacto es baja (1 en 2,700), los científicos mantienen una cautelosa atención a su trayectoria.
La misión OSIRIS-REX tiene previsto traer muestras recopiladas del asteroide Bennu a la Tierra el 24 de septiembre. Una vez en nuestro planeta, se iniciará una carrera contra el tiempo para preservar las muestras en un ambiente libre de contaminantes, permitiendo a los científicos realizar análisis y llegar a conclusiones sobre la composición y potencial utilidad de Bennu.
Un esfuerzo interdisciplinario ha sido fundamental en la exploración de Bennu. Bob Macke, un astrónomo del Observatorio Vaticano y hermano jesuita, defiende la idea de que la fe y la ciencia pueden trabajar juntas. Macke fue abordado por Andrew Ryan, dirigente de operaciones de OSIRIS-REX, para desarrollar un dispositivo que permita analizar la densidad y porosidad de Bennu.
El dispositivo diseñado por Macke y un equipo de estudiantes de la Universidad de Arizona, en colaboración con el Observatorio del Vaticano en Tucson, es un picnómetro que se utilizará para examinar las muestras que lleguen el 24 de septiembre. Este artefacto será fundamental para identificar la composición de las rocas del asteroide y determinar qué materiales pueden ser aprovechados.
Macke subraya que su participación en proyectos científicos, ya sea en colaboración con la NASA o en iniciativas más modestas, tiene un propósito evangelizador, buscando demostrar que la ciencia y la fe pueden coexistir en armonía.
Aunque la probabilidad de impacto de Bennu con la Tierra es baja, los científicos no dejan de lado la preocupación. En caso de que ocurriera una colisión, Bennu podría causar devastación en un área del tamaño de Texas y liberar una energía equivalente a 22 bombas atómicas. A pesar de ser más pequeño que el asteroide que extinguió a los dinosaurios, su impacto seguiría siendo un evento catastrófico.
La investigación y seguimiento de Bennu continúan, en un esfuerzo conjunto de la comunidad científica y religiosa para comprender mejor este enigmático asteroide y su potencial influencia en el futuro de nuestro planeta.







