Saltillo.- 300 familias en el ejido el Pilar de Richardson, otras 200 en Piedra Blanca, suman al menos 2 mil 500 personas que atraviesan por una situación preocupante de salud.
Deshidrataciones, sangrados de nariz y desolaciones, son impactos en la salud comunes en los habitantes de estas comunidades a la orilla de la carretera libre a Torreón; sin contar a decenas de ejidos más lejanos.
La onda de calor que pega al norte del país, ahí, es más severa, en estos ejidos no hay sistemas de enfriamiento, al que mejor le va, cuenta con un ventilador, claro si hay energía eléctrica, para abatir los estragos del fenómeno natural.

La falta de agua es el factor principal, no cuentan con el líquido vital.
Doña Aurora Mendoza, madre de tres menores, vive en pobreza extrema, no tiene marido, un sostén, fue despedida de su antiguo trabajo, ahora vende cosas que le regalan para mantener a sus vástagos, no cuenta con recurso para comprar agua a 250 pesos, como lo hacen sus vecinos en el ejido donde vive, que se trasladan kilómetros para comprar el indispensable recurso.
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Antaño, estas comunidades subsistían a este tipo de situación con programas federales en su beneficio, la compra y contratación de equipo hidráulico para perforar pozos era viable, actualmente eso es imposible con la apatía de la administración de Andrés Manuel López Obrador, que, a decir de los afectados, “tal pareciera que quiere desaparecer a los representantes del campo mexicano.
Aunados a los estragos del clima, los ejidatarios no tienen apoyo para reactivar el campo, se terminaron los apoyos alimentarios.







