San Antonio, Tx.-La población migrante en el estado de Texas vive en la zozobra pues las autoridades estadounidenses han comenzado a exigir que el personal de urgencias pregunte a los pacientes sobre su estatus migratorio, una medida que, según los médicos, disuadirá a los migrantes de buscar la atención.
Juanita, de 41 años, es una de las miles de personas en esa situación, ingresó a Estados Unidos desde México hace más de dos décadas y se casó con un carpintero estadounidense, pero teme que agentes federales estén tras ella.
Ella reza cada vez que sale de su vivienda, es prediabética y recientemente cuando estaba por ir a la farmacia, su esposo le advirtió de la presencia de agentes en esa tienda, por lo que no pudo surtir los medicamentos para su padecimiento.
Asegura que tampoco puede arriesgarse a ser detenida porque tiene que cuidar a su hija de 17 años, quien tiene síndrome de Down.
«Si me atrapan, ¿quién va a ayudar a mi hija?», señaló la mujer.
Su caso no es el único, muchos migrantes que han vivido en el extremo sur de Texas durante décadas, se resisten a salir de sus casas, ni siquiera para recibir la atención médica que necesitan pues temen ser deportados.
Desde La Casa Blanca se ha ordenado a los agentes federales que no dejen ningún lugar sin revisar, incluidos hospitales e iglesias, pues se busca expulsar a un millón de migrantes para finales de año.
Para alcanzar esa meta, los agentes también revisan las bases de datos de registros médicos para buscar inmigrantes que puedan estar en Estados Unidos de manera ilegal.
La zona sur de Texas apoyó firmemente a Trump en las elecciones de 2024; muchos habitantes de esta zona viajaban regularmente de Estados Unidos a México para visitar a sus familiares o recibir atención dental económica, sin imaginar que las campañas de deportación se centrarían en sus vecinos.
Ahora los migrantes permanecen encerrados en sus casas móviles y casas rústicas en barrios que a veces no tienen acceso a agua potable ni electricidad, señaló Sandra de la Cruz-Yarrison, quien dirige la clínica Holy Family Services Inc. en Weslaco, Texas.
«La gente no se va a arriesgar (…) Están siendo separados de sus familias», señaló De la Cruz-Yarrison.







