En una hazaña histórica, este lunes 8 de enero a la 1:20 de la madrugada, México inició su incursión en el espacio con el lanzamiento triunfal del Proyecto Colmena de la UNAM. Sin contratiempos y con condiciones propicias, la misión envió cinco microrrobots a la Luna, marcando un hito en la investigación espacial mexicana.
Después de una exhaustiva revisión para asegurar que todo estuviera en orden, la cuenta regresiva inició, marcando el inicio de una misión que promete revolucionar la investigación espacial en México. Estos microrrobots, de 60 gramos y 12 centímetros de diámetro cada uno, enfrentarán un arduo trayecto antes de aterrizar en la Luna y superar pruebas cruciales.

La misión, liderada por la Agencia Espacial Mexicana y la UNAM, tiene dos objetivos claros: estudiar los desafíos que enfrentan los microrrobots en el espacio y analizar la capa cercana a la superficie lunar, incluyendo sus características, propiedades físicas y su impacto en las telecomunicaciones.
Además, la experiencia busca desarrollar en México capacidades de microrrobótica para su uso en entornos espaciales, con la aspiración de integrarse a consorcios de investigación, exploración o explotación comercial. El proyecto aspira a ser el punto de partida para la creación de tecnologías que permitan la minería de metales preciosos o tierras raras en futuras misiones, considerando su escasez en la Tierra.
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El lanzamiento desde el Space Launch Complex-41 en Cabo Cañaveral, Florida, fue un éxito a las 2:10 horas (hora de México), utilizando la nave Peregrine de Astrobotic dentro del cohete Vulcan Centaur de la United Launch Alliance. Tras la separación, el Centro de Operaciones de la Misión de Astrobotic confirmó la comunicación exitosa con la nave Peregrine, que emprenderá un viaje de entre cuatro y seis semanas hacia la Luna.

El logro fue celebrado en el Centro de Operaciones de la NASA, y a las 2:38 de la mañana (hora de México), la fase de lanzamiento concluyó con el apagado de los propulsores del cohete Vulcan Centaur. Ahora, el módulo será monitoreado en su viaje hacia nuestro satélite natural, anticipando una misión que durará entre nueve y diez días terrestres.






