La vida de niñas, niños y adolescentes ocurre cada vez más en dos espacios que ya no pueden separarse: el mundo físico y el mundo digital. Estudian, juegan, conversan, hacen amistades, buscan información y expresan sus emociones a través de teléfonos celulares, videojuegos, redes sociales y plataformas de mensajería.
Internet representa una enorme oportunidad para la educación, la comunicación y el desarrollo. Pero también ha creado nuevos escenarios de riesgo, particularmente cuando menores de edad establecen contacto con personas que no conocen personalmente.
En los últimos meses han circulado notas y publicaciones que aseguran que hasta 80 por ciento de los menores chatea con adultos. Esta cifra requiere ser revisada con cuidado: no debe presentarse como un dato nacional comprobado sin identificar el estudio, la población y la metodología que la originaron.
Lo que sí está documentado es que el contacto entre menores y personas desconocidas en internet constituye un fenómeno relevante. Una investigación publicada en agosto de 2026 por la Oficina del Comisionado de Información del Reino Unido encontró que 36 por ciento de los niños y adolescentes de entre 8 y 17 años hablaba o jugaba en línea con personas que sólo conocía por internet o que no conocía, porcentaje que alcanzó 40 por ciento entre los jóvenes de 14 a 16 años.
En México, la dimensión del fenómeno también es significativa. De acuerdo con UNICEF México, 95.1 por ciento de las personas de 12 a 17 años utiliza internet, mientras que el Módulo sobre Ciberacoso 2024 del INEGI reportó que 23 por ciento de los adolescentes usuarios de internet había experimentado alguna forma de ciberacoso.
Los números permiten entender una realidad: nuestros hijos ya viven una parte importante de su vida en línea. El reto no consiste en alejarlos de la tecnología, sino en enseñarles a utilizarla con seguridad.
Antes de hablar de los riesgos, es importante reconocer que la tecnología no es, por sí misma, un enemigo.
Internet permite que los menores tengan acceso a información educativa, cursos, bibliotecas digitales, herramientas de aprendizaje y espacios de creatividad. También facilita la comunicación con familiares y amigos, particularmente cuando viven lejos.
Los videojuegos pueden favorecer determinadas habilidades, la cooperación y la interacción social cuando se utilizan de manera adecuada. Las redes y plataformas digitales pueden permitir que adolescentes encuentren comunidades relacionadas con sus intereses, aprendan nuevas habilidades y expresen sus ideas.
UNICEF México reconoce precisamente que internet ofrece oportunidades para encontrar información, continuar actividades educativas y mantener contacto con personas cercanas.
Por ello, la solución no puede ser simplemente prohibir.
La pregunta es cómo acompañar a niñas, niños y adolescentes para que puedan aprovechar las ventajas de la tecnología sin quedar expuestos innecesariamente a sus peligros.
Uno de los riesgos más importantes es el llamado grooming, que consiste en estrategias mediante las cuales una persona adulta busca establecer una relación de confianza con un menor en internet, en algunos casos con fines sexuales o de explotación.
La Universidad Nacional Autónoma de México ha advertido que este tipo de riesgo puede presentarse mediante perfiles falsos en redes sociales o videojuegos. El contacto puede comenzar de manera aparentemente inocente: una conversación sobre un videojuego, una afición, música, deportes o cualquier otro tema de interés para el menor.
El peligro está precisamente en que la interacción puede no parecer peligrosa al principio.
Un adulto puede intentar obtener información personal, conocer los horarios del menor, identificar dónde estudia, conocer a sus amigos o conseguir fotografías. Posteriormente puede intentar trasladar la conversación a otra plataforma, pedir que se mantenga en secreto o establecer mecanismos de manipulación emocional.
Por ello, uno de los mensajes fundamentales para madres y padres debe ser claro: no toda persona que conocemos en internet es quien dice ser.
Una de las primeras medidas de seguridad consiste en enseñar a los menores a proteger su información.
Nombre completo, domicilio, escuela, teléfono, horarios, fotografías personales, ubicación en tiempo real y datos de familiares son elementos que deben manejarse con especial cuidado.
UNICEF recomienda enseñar a niñas, niños y adolescentes a mantener privada su información personal y evitar compartirla con desconocidos. También aconseja configurar controles parentales, utilizar opciones de privacidad estrictas y establecer acuerdos familiares sobre el uso de dispositivos y plataformas.
Los padres no necesitan convertirse en expertos informáticos para proteger a sus hijos. Sí necesitan conocer las aplicaciones que utilizan, revisar sus mecanismos de privacidad y, sobre todo, conversar con ellos.
La conversación puede ser más efectiva que la vigilancia
Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que la seguridad digital se resuelve únicamente instalando una aplicación de control parental.
La tecnología puede ayudar, pero ninguna herramienta sustituye la comunicación.
Los menores necesitan saber que pueden acudir a sus padres si alguien los amenaza, les pide fotografías, les propone una reunión, les envía contenido sexual, los insulta o les exige mantener una conversación en secreto.
Se recomienda precisamente mantener una comunicación abierta y de confianza, y enseñar a los menores que pueden hablar con sus padres u otros adultos de confianza cuando enfrenten situaciones incómodas o peligrosas en internet.
La reacción de los adultos también es fundamental.
Si un adolescente teme ser castigado por contar lo que sucedió, puede decidir ocultarlo. Por ello, ante una situación de riesgo, la primera respuesta debe ser escuchar, proteger y preservar la evidencia, antes de reaccionar con enojo o culpabilizar al menor.
¿Qué pueden hacer las madres y los padres?
La protección comienza en casa y debe adaptarse a la edad del menor.
Entre las medidas recomendables se encuentran:
- Conocer las redes sociales, videojuegos y aplicaciones que utilizan los hijos.
- Revisar y configurar las opciones de privacidad de cada plataforma.
- Utilizar controles parentales apropiados para su edad.
- Establecer reglas familiares sobre horarios, contactos y uso de dispositivos.
- Enseñar que nunca deben enviar fotografías íntimas ni información personal a desconocidos.
- Explicar que una persona conocida en internet sigue siendo un desconocido hasta que pueda verificarse su identidad y relación en el mundo real.
- Enseñar a bloquear y reportar cuentas sospechosas.
- Explicar que no deben aceptar encuentros presenciales con personas conocidas únicamente en internet.
- Mantener abiertas las vías de comunicación.
- Ante una situación de riesgo, conservar mensajes, fotografías, nombres de usuario, enlaces y demás evidencia y acudir a las autoridades correspondientes.
El Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes también recomienda que las personas cuidadoras conozcan previamente los controles parentales de las plataformas y establezcan reglas claras sobre tiempos y condiciones de navegación.
La responsabilidad no puede recaer exclusivamente en las familias.
Las autoridades tienen el deber de fortalecer las políticas de prevención, investigación y atención de los delitos cometidos contra niñas, niños y adolescentes en entornos digitales.
Esto implica desarrollar programas de educación digital en escuelas, capacitar a docentes y servidores públicos, fortalecer las unidades de policía cibernética, facilitar mecanismos accesibles de denuncia y mejorar la coordinación entre instituciones.
También resulta indispensable que las autoridades proporcionen información clara a las familias. La prevención funciona mejor cuando padres, escuelas, autoridades y especialistas comparten conocimientos y protocolos de actuación.
La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana ha señalado recientemente que el ciberacoso puede manifestarse mediante amenazas, insultos, difusión de rumores, publicación de fotografías o videos sin consentimiento, creación de cuentas falsas y otras conductas destinadas a intimidar o causar daño.
Existe un tercer actor que no puede quedar fuera: las empresas que administran redes sociales, videojuegos y servicios de comunicación.
Las plataformas deben implementar mecanismos adecuados de protección de menores, sistemas eficaces de denuncia, herramientas de privacidad y medidas para detectar comportamientos abusivos.
La experiencia internacional demuestra que los controles tecnológicos por sí solos tampoco son suficientes. La investigación reciente del regulador británico encontró que, aunque 91 por ciento de los padres encuestados utilizaba algún tipo de control o herramienta de monitoreo, 41 por ciento de los menores dijo haber intentado evadirlos.
Esto demuestra que la protección digital debe ser una responsabilidad compartida.
La discusión sobre menores e internet suele caer en dos extremos: permitirlo todo o prohibirlo todo.
Ninguna de las dos opciones responde completamente a la realidad.
Los niños y adolescentes necesitan desarrollar competencias digitales porque internet forma parte de su presente y de su futuro. Pero también necesitan límites, acompañamiento y educación para identificar riesgos.
El objetivo no debe ser criar jóvenes que tengan miedo de internet, sino jóvenes capaces de reconocer cuándo una conversación deja de ser normal, cuándo una solicitud es inapropiada y cuándo necesitan pedir ayuda.
La prevención empieza con una conversación sencilla: “Puedes contarme lo que sucede en internet y no estás solo”.
En una época en la que una pantalla puede conectar a un menor con cualquier persona del mundo en cuestión de segundos, la protección más importante sigue siendo una combinación de educación, confianza, supervisión y responsabilidad institucional.
La tecnología seguirá avanzando. Las plataformas cambiarán y aparecerán nuevas formas de comunicación. Lo que no debería cambiar es el principio fundamental: la seguridad, la dignidad y los derechos de niñas, niños y adolescentes deben estar por encima de cualquier plataforma, tendencia o innovación tecnológica.
El desafío para las familias y las autoridades no es cerrar la puerta al mundo digital. Es enseñar a nuestros menores a cruzarla con conocimiento, criterio y seguridad






