México.- El mundo del entretenimiento infantil y el doblaje está de luto. La tarde de este 25 de enero se confirmó el fallecimiento de Gabriel Garzón Lozano, el talentoso actor y titiritero que dio vida al entrañable Topo Gigio durante más de tres décadas. Tenía 57 años.
La noticia fue difundida por su entrañable amigo, el comediante Jorge Falcón, quien a través de sus redes sociales dedicó un emotivo mensaje: “Hoy perdí a otro amigo y a un gran artista. Dios te tenga en buen lugar y te cobije con su luz perpetua. Descansa en paz, querido amigo”.
Aunque las causas exactas del deceso no han sido reveladas de forma oficial, se sabía que el actor se encontraba delicado de salud. Días atrás, colegas y familiares habían solicitado urgentemente donadores de sangre mientras Garzón permanecía hospitalizado en el Hospital Juárez de México, en la alcaldía Gustavo A. Madero.
El hombre detrás del ratoncito más querido
Nacido el 27 de noviembre de 1968, Gabriel Garzón fue un artista completo que se especializó en la creación y manejo de muppets en Estados Unidos. Su vida cambió en 1994, cuando el productor Javier Toledo lo eligió para ser la voz oficial de Topo Gigio en México, un papel que retomaría en múltiples ocasiones, incluyendo el Mundial de 2006 y una serie animada en 2020.
Su trayectoria no se limitó al famoso ratón italiano; Garzón fue una pieza clave en la televisión mexicana, participando en El espacio del Tío Gamboín, producciones de Silvia Roche (Burbujas), programas de comedia como La Casa de la Risa y Una sonrisa con Cepillín.
La vida de Gabriel dio un giro drástico en 2016 tras un accidente laboral en Estados Unidos, donde una máquina le aplastó la pierna. Después de 11 cirugías fallidas, sufrió la amputación de la extremidad.
Lejos de rendirse, Garzón demostró su temple al crear el proyecto cómico “El Pata… tón”, con el cual recaudó fondos para su rehabilitación. Fue gracias a la solidaridad del público y al apoyo económico de Jorge Falcón que, en 2019, logró adquirir una prótesis para continuar trabajando.
Con su partida, se apaga una de las voces más dulces de la infancia mexicana. Gabriel Garzón deja un legado de risas, ternura y, sobre todo, una lección de superación personal que inspiró a sus compañeros de gremio hasta el último momento.






