Cuentan los relatos más oscuros y turbios de México que allá por el año de 1973 aconteció un extrañamiento tan peculiar en un pequeño pueblo de Tabasco que hasta el día de hoy ronda en el folclor local.
La historia nos cuenta que fue en Macuspana, mejor conocida como Ciudad Pemex, justo después (o en el momento) de una tormenta estruendosa que los hechos se suscitaron:
Truenos y rayos hacían vibrar la tierra con tal conmoción que los animales de corral pronto comenzaron a sentirse estresados y los pobladores, temerosos, se encerraron en sus casas ante los relámpagos de colores tan extraños como nunca se habían visto.

La tormenta eléctrica parecía ya desde un principio fuera de lo común por la magnitud que tenía, algunos residentes incluso se pusieron a rezar para aminorar su temor, y de pronto, sin previo aviso, comenzaron a escucharse detonaciones desde la Base Aérea Militar No 16 de la Armada de México que hacían cimbrar la tierra. Testigos de aquella noche afirman que los soldados disparaban a extrañas bolas de lumbre de distintos colores que sobrevolaban entre las nubes en aquella oscura noche .
La tormenta duró toda la noche y parte de la madrugada y al día siguiente las extrañezas se hicieron aún más evidentes.
Armando “N” relata para El Heraldo de Tabasco “al día siguiente todos los vecinos estábamos alarmados porque unos decían que en los potreros de la ranchería El Limón había aterrizado un objeto. Al principio yo no entendía qué querían decir con la palabra objeto, pero después lo supe; un platillo volador, o un OVNI, como les dicen ahora.”
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Por si fuera poco también se dice que entre las calles del pueblo aparecieron extrañas huellas que parecían de gallina, pero gigantes. Eran huellas como de 20 cm de largo, con tres dedos y un espolón; también describen que eran una especie de líquido viscozo y de color amarillo que aparecían de repente, avanzaban algunos metros y poco después volvían a desaparecer; algunas desaparecían justo en las alcantarillas o en el interior de algunas casas.
A los “marcianos” (como ellos les llamaron) se les describe como criaturas parecidas entre insectos y reptiles, no saben a ciencia cierta cómo eran, pero todos coinciden en que descendieron de una nave metálica color gris que había aterrizado detrás de la pista de la Fuerza Aérea y que en el lugar del aterrizaje encontraron en un pastizal un círculo carbonizado de unos 3 a 4 metros de diámetro.

Y con todo este contexto, ahora sí a lo que venimos:
La leyenda cuenta que un bar llamado “El $1.20” se tuvo cautivo a uno de estos aliens durante un buen rato. No se sabe con exactitud el cómo pasó, pero los relatos indican que el propietario del bar, apodado como «La Pericona», sostuvo un enfrentamiento de uno contra uno y cuerpo a cuerpo con uno de estos seres. El enfrentamiento llegó a tal punto que La Pericona terminó por apuñalar al “marciano” , someterlo y tenerlo privado de su libertad en el sótano del establecimiento donde estaba amarrado con un mecate.
Se dice que algunas personas jóvenes se acercaron al lugar con la intención de ver al extraterrestre bajo el grito de “Pericona, no seas m@m0n, enséñanos al marciano” y este respondía corriéndolos “¡Qué marciano ni que ch1ng@d0s! ¡Vayan a ver si ya puso el puerco!”
Para mala suerte de los interesados, el extraterrestre terminó por liberarse y se fugó dejando únicamente el mecate con el que estaba cautivo y un par de huellas amarillentas.
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Muchos sucesos más acontecieron aquellos días en la tierra natal de nuestro actual presidente. Los rumores indican que incluso los famosos hombres de negro llegaron al lugar para poner orden y a sembrar una especie de pánico satánico afirmando que lo vivido aquella noche fue producto de los demonios y no de alienígenas. Sea como sea, esta es una leyenda que está más que documentada.
Si quisieras saber más al respecto, te recomendamos el podcast de Leyendas Legendarias, específicamente el capítulo número 120 donde tratan este tema de un encuentro del tercer tipo.






