1985… Un año que dejó marca no sólo en la Ciudad de México sino en todo el país, un año donde en tan solo 5 minutos se abrieron grietas, se cayeron edificios, se colapsaron avenidas, casas terminaron en ruinas, personas perdieron todo su patrimonio, otras perdieron seres queridos y la vida… en 5 minutos de movimiento de la tierra.
El día se convirtió en un oscuro abismo… Pero también en ese mismo lapso de tiempo, surgieron los dones más preciados que tenemos en nuestro país: la solidaridad, la empatía, el interés desesperado de poder ayudar a alguien más, aún sin conocerlo… ese día todos los mexicanos se volvieron hermanos.
Hace 4 años, cuando parecía que aquella tragedia terrible había quedado en el olvido, justo el mismo día –19 de Septiembre–, bastó un minuto y medio, para que nuevamente la vida diera un vuelco. El recuerdo de años atrás se hizo presente, y en los rostros de las personas se veía reflejado el terror de revivir lo que había pasado años atrás.
Nuevamente la desesperación, la angustia de no saber donde estaba un familiar o qué le habría pasado, cimbraba los corazones de todos los que sintieron el terremoto de 2017… sin embargo, en ese día, nuevamente la necesidad imperante de ayudar se apoderó de todo aquél que tenía fuerzas para levantar una piedra, para cargar escombro, para ofrecer una botella de agua o simplemente para levantar el puño y pedir silencio, con la esperanza de escuchar alguna voz, de escuchar si había alguien con vida bajo los escombros…Otra vez todos nos convertimos en hermanos, incluso si estábamos lejos y solo podíamos “ayudar” con oraciones, nos sentíamos aliviados cuando encontraban a alguien con vida y sufríamos junto a los rescatistas y la familia cuando pasaba lo contrario… Los mexicanos somos solidarios, lo llevamos en la sangre… no esperemos a que haya un terremoto para levantar el puño y poder ayudar a alguien que lo necesita, no esperemos que pase una tragedia para poder abrazar y reconfortar al que tenemos al lado…
No dejemos que la cotidianidad nos haga olvidar que alguna vez un desconocido nos extendió su mano y nos rescató.
¡Hasta la próxima!






