Ser maestra me ha enseñado que educar no es solamente transmitir conocimientos. También es orientar, poner límites y enseñar que nuestras acciones tienen consecuencias.

Por eso, lo ocurrido en la Secundaria 2 de Saltillo debe preocuparnos. De acuerdo con lo reportado, estudiantes se habrían organizado en redes sociales para difundir acusaciones falsas contra docentes como parte de un “reto”, buscando incluso provocar el cierre del plantel.

No podemos permitir que esto ocurra.

Las redes sociales multiplican nuestra capacidad para comunicarnos, pero también pueden convertir un rumor en condena pública en instantes. Si un “reto viral” puede utilizarse para intimidar a un maestro, mañana las redes pueden convertirse en instrumentos de hostigamiento dentro de cualquier escuela.

Y el daño va mucho más allá del docente afectado. Cuando una maestra teme llamar la atención; cuando un maestro prefiere no intervenir ante una conducta indebida; cuando dirigir una escuela es exponerse a campañas de desprestigio, colapsa la convivencia escolar y, con ella, la educación. El Punto de Acuerdo que presenté en el Congreso advierte que algunos docentes ya evitan sanciones o llamados de atención por temor a las consecuencias.

Protejamos a nuestros estudiantes ante cualquier abuso, pero también respaldemos a quienes dedican su vida a educarlos. Por eso he solicitado investigar estos hechos, establecer responsabilidades y fortalecer los protocolos de prevención y acompañamiento docente.

Una sociedad que deja solos a sus maestros arriesga la educación de sus hijos.