México.- Las enfermedades como la enfermedad celiaca, la artritis reumatoide, la diabetes tipo 1, el lupus o la esclerosis múltiple, a pesar de ser patologías diversas, comparten una característica común: son resultado de un mal funcionamiento del sistema inmunitario del paciente, que erroneamente ataca su propio cuerpo al identificar como elementos extraños células o moléculas propias de órganos y tejidos que están completamente saludables.
Estas enfermedades, conocidas como dolencias autoinmunes, son notoriamente difíciles de abordar. Sin embargo, una nueva estrategia está emergiendo: las vacunas inversas.
A lo largo de más de dos siglos, las vacunas han sido una parte fundamental de la medicina. Su principio de funcionamiento parece simple: se introduce una muestra de virus específicos en el cuerpo para que aprenda a combatir esa amenaza. No obstante, ahora se está renovando este enfoque, especialmente para ciertas enfermedades que podrían tratarse con vacunas inversas.
Entendamos qué implica una ‘vacuna inversa’:
Una vacuna tradicional implica la inyección de un suero que, mediante diversos métodos según el objetivo, induce una respuesta inmunitaria contra una sustancia específica, técnicamente llamada antígeno. Aunque estas vacunas han sido vitales en la lucha contra infecciones, últimamente se han desarrollado para combatir patologías como el cáncer o trastornos de adicción.
Sin embargo, en el caso de enfermedades autoinmunes, el objetivo es contrario: inhibir una respuesta inmunitaria excesiva o inadecuada que resulta perjudicial. Por más de una década, los investigadores han estado explorando las ‘vacunas inversas’, que buscan reducir o eliminar una respuesta inmunitaria en lugar de inducirla.
Recientemente, un grupo de científicos ha presentado uno de los primeros éxitos en esta área. En un artículo publicado en Nature Biomedical Engineering, describen un experimento realizado en modelos murinos (ratones) con una forma de encefalitis autoinmune que se considera análoga a la esclerosis múltiple humana.
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En este contexto, las células inmunitarias atacan la mielina, una sustancia que recubre las fibras nerviosas, causando síntomas neurológicos y motores diversos. La vacuna inversa, diseñada para inducir tolerancia inmunitaria, parece tener éxito al apagar o revertir la respuesta inmunitaria frente a autoantígenos, antígenos del propio organismo que desencadenan respuestas inmunitarias no deseadas y perjudiciales.
La ventaja clave frente a los tratamientos tradicionales, como los corticoides, radica en la supresión selectiva de la respuesta a un autoantígeno específico, sin bloquear otras funciones del sistema inmunitario. Esto evita la inmunosupresión generalizada, que conlleva un mayor riesgo de infecciones y cáncer, junto con otros efectos secundarios. Además, se generan linfocitos específicos (Treg memoria), asegurando la duración de la respuesta a lo largo del tiempo.







