La cafeína, el principal ingrediente activo del café, tiene una justificada reputación de ser potenciadora de energía. Pero la cafeína es también una droga, lo que significa que puede afectar a cada uno de nosotros de forma diferente, dependiendo de nuestros hábitos de consumo y de nuestros genes.

“La paradoja de la cafeína es que, a corto plazo, ayuda a la atención y al estado de alerta. Ayuda con algunas tareas cognitivas y con los niveles de energía”, dijo Mark Stein, profesor del Departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Washington, que ha estudiado el impacto de la cafeína en personas con trastorno por déficit de atención con hiperactividad. “Pero el efecto acumulativo —o el impacto a largo plazo— tiene el efecto contrario”.

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Parte de los efectos paradójicos de la cafeína se deben a sus efectos sobre lo que los investigadores denominan “presión del sueño”, que alimenta la somnolencia que sentimos a medida que avanza el día. Desde el momento en que nos despertamos, nuestro cuerpo tiene un reloj biológico que nos impulsa a volver a dormir más tarde en el día.

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Seth Blackshaw, neurocientífico de la Universidad Johns Hopkins que estudia el sueño, dice que los investigadores aún están aprendiendo cómo se acumula la presión del sueño en el cuerpo, pero que a lo largo del día, nuestras células y tejidos utilizan y queman energía en forma de una molécula llamada trifosfato de adenosina, o TFA. A medida que ese TFA se gasta —cuando pensamos, hacemos ejercicio, hacemos diligencias o nos sentamos a hablar por teléfono— nuestras células generan una sustancia química llamada adenosina como subproducto. Esa adenosina se une a los receptores del cerebro, lo que nos hace sentir más somnolientos.

La droga más aceptada en el planeta

En el 2015 Nestlé México calculó que, en promedio, cada mexicano consume alrededor de 215 tazas de café al año, y proyectaron que para el 2025 habrá un incremento del 39% en el consumo, por lo que se cada persona consumirá 300 tazas anuales.

Aunque no se puede hablar precisamente de una adicción, la cafeína es definitivamente una droga psicoactiva. Según la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, la cafeína es una sustancia amarga que se encuentra en el café, el té, bebidas gaseosas, chocolate, nueces de cola y ciertas medicinas. Tiene muchos efectos en el metabolismo del cuerpo, incluyendo la estimulación del sistema nervioso central. Algunas personas son más sensibles a los efectos de la cafeína que otras, pero para la mayoría de las personas, la cantidad de cafeína, entre dos y cuatro tazas de café diarias, no es dañina.

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Según la web dedicada a difundir artículos de ciencia, scieceabc.com, tras ingerirla a través de cualquier producto que la incluya, la cafeína entra en el estómago y se absorbe en el torrente sanguíneo. La cafeína es una molécula interesante porque es soluble en agua y grasa por lo que puede llegar a nuestro cerebro mientras que también puede viajar a través de nuestras venas, sangre y membranas celulares. Aquí es donde comienza la naturaleza adictiva de la cafeína.

La cafeína se parece mucho a otra molécula que está presente en nuestro cerebro, llamada adenosina, aunque tienen funciones diferentes. La adenosina encaja en su receptor apropiado y crea una sensación de cansancio en el cuerpo. La cafeína es tan estructuralmente similar a la adenosina que puede deslizarse en los receptores cerebrales, bloqueando eficazmente la adenosina de la fijación. Mientras se metaboliza en el cuerpo y desaparezca, se experimentará un sentido de alerta y enfoque adicional, según scienceabc.com.