Aunque falta la aprobación del pleno de la cámara de diputados en el presupuesto de egresos del próximo año, queda bien claro que el diputado federal priista Jericó Abramo Masso hace su tarea.

Como titular de la Comisión de Turismo y con el apoyo de todos los partidos políticos —incluido Morena—, logró redireccionar 500 millones de pesos para Pueblos Mágicos.

Se trata de dinero que, al llegar a la presidencia, López Obrador fue a parar a programas asistenciales para conquistar votos y descobijó a Pueblos Mágicos como Arteaga, Parras, Múzquiz, Viesca, entre otros.

¿Pero de qué sirven, si esos municipios tienen un alcalde inepto, irresponsable y corrupto como el de Parras, el morenista Ramiro Pérez Arciniega?

No sirven de nada, porque su ineficiencia le alcanza para no hacer los expedientes técnicos, para bajar dinero de la Federación.

Su ineficiencia, que se refleja con el desastre que vive Parras; baches y hoyos por todos lados, sin iluminación, con policías asaltantes, basura en todos sus sectores, perros de la calle, en fin… Parras, la ciudad donde nació don Francisco I. Madero, desaparecida, tal cual acto de magia.

Ahora, tal parece que habrá recursos y toda la esperanza puesta en el alcalde electo, el priista Fernando Orozco, hijo del exalcalde Fernando Orozco Cortés.

No solo de que aproveche el apoyo del Estado y del programa de Pueblos Mágicos y el dinero que representa, y convierta a Parras en un verdadero “pueblo mágico”, orgullo de Coahuila y de México.

Sino que meta a la cárcel a los que se han robado el patrimonio de los habitantes de Parras: Ramiro, Evaristo Madero, Nacho Segura y el llamado “Coco” Dávila. Todos que se han enriquecido a costa de Parras y todavía andan por sus calles, muy ufanos, protegidos por el manto de la impunidad.