Es evidente la falta del sacerdote Pedro Pantoja en la casa del migrante, desde su fallecimiento, en el albergue ya nada es igual.
Es claro que, al morir Pantoja, dejó un hueco importante para el bienestar de los que arriban a Saltillo en su ruta hacia los Estados Unidos, hoy luce solo el inmueble y son más requisitosos los ingresos.
Otro factor a resaltar en lo evidente, en lo solo que prevalece la Casa del Migrante, es el retiro del obispo Raúl Verá López, hoy emérito de la diócesis de Saltillo, la amistad de ambos fortalecía el programa de la Casa del Migrante, y quienes hoy sufren las consecuencias, son los indocumentados que, al negarles el acceso, optan por buscar casas abandonadas, posadas baratas, incluso la intemperie en varios puntos de la ciudad.
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Es muy común observar en los cruceros a pedigüeños de El Salvador, Honduras y otros países de Centroamérica, ahorran unas monedas para seguir su camino rumbo al sueño americano, otros deciden quedarse en Saltillo.
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Es importante mencionar que las nuevas autoridades eclesiásticas no han dado una postura a referencia de la Casa del Migrante, si habrá o no apoyo a la casa de asistencia que antaño era un oasis en el duro camino hacia el vecino país.








