Estados Unidos.- Tras permanecer casi tres décadas en el corredor de la muerte, Christa Pike debía convertirse este miércoles en la primera mujer ejecutada en Tennessee en 200 años; sin embargo, el procedimiento mediante inyección letal no tuvo el resultado esperado. A la condenada le fueron administradas dos dosis de pentobarbital, pero posteriormente tuvo que ser trasladada de emergencia a un hospital para recibir atención médica. Randall Spivey, integrante de su equipo legal, informó que Pike se encontraba en estado crítico, aunque confirmó que permanecía con vida y que hasta ese momento no contaban con información sobre su pronóstico.
Los abogados de Pike señalaron que la segunda dosis tampoco logró detener su ritmo cardíaco y aseguraron que durante el procedimiento todavía podía escucharse su respiración e incluso sus ronquidos. El Departamento Correccional de Tennessee sostuvo que se siguió el protocolo de ejecución aprobado por las autoridades estatales, mientras que el gobernador Bill Lee ordenó una investigación independiente. Joel Zivot, profesor de la Universidad de Emory y experto médico contratado por la defensa, consideró que el fármaco probablemente no alcanzó una concentración suficiente en la sangre para provocar el fallo respiratorio y cardiovascular, además de advertir sobre la posibilidad de una lesión cerebral debido al retraso en la reanimación.
El caso volvió a poner bajo escrutinio el uso de la inyección letal en Estados Unidos, método que ha registrado numerosos procedimientos fallidos o con complicaciones. En Tennessee y otros estados se utiliza pentobarbital como único fármaco, mientras que otras jurisdicciones recurren a combinaciones de medicamentos; ambos métodos han generado cuestionamientos relacionados con el dolor, las dificultades para establecer vías intravenosas y el acceso o conservación de las sustancias. El Centro de Información sobre la Pena de Muerte ha documentado diversos casos problemáticos, entre ellos la suspensión de ejecuciones por dificultades para colocar una vía intravenosa, como ocurrió con Thomas Creech en Idaho, y el fallido procedimiento contra Clayton Lockett en Oklahoma en 2014.







