La semana pasada, en esta misma editorial, le hablaba sobre el ya famoso juicio de Genaro García Luna y le decía que esta semana habría un veredicto que muy seguramente sería el de encontrarlo culpable de los cinco delitos de los que se le acusaba, incluyendo tres por tráfico de cocaína.
La explicación es muy sencilla, sin la colaboración de García Luna los carteles para los que trabajaba no habrían florecido como lo hicieron.
El declararlo culpable es simplemente oficializar lo que todos en este país sabíamos, que la corrupción existe desde siempre y está desde los más altos mandos. Lo vemos en decenas de series o películas, es del dominio popular, pero nunca antes se había visto que el encargado de la seguridad de todo México estuviera en el banquillo de los acusados a la espera de que le digan que pasará tal vez el resto de su vida en prisión.
Este veredicto deja muy mal parado a Felipe Calderón, quien era su jefe directo, pero aún más triste deja en evidencia cómo es que operan los cárteles mexicanos desde hace décadas, y muy seguramente con conocimiento de todos los presidentes que han pasado, mientras florecía el negocio del narcotráfico, desde Miguel de la Madrid hasta Peña Nieto; y ya la historia nos dirá si con AMLO también.
Finalmente, hay que dejar muy claro que este fue un triunfo del Gobierno estadounidense, ellos lo capturaron y ellos lo enjuiciaron, nada tuvo que ver México en esto, aunque muy seguramente se levantarán el cuello y lo utilizarán como estandarte cuando empiecen las campañas electorales. El que no lo crea pecará de inocente.
Ahora solo queda esperar a que Genaro García hable y salpique al que tenga que salpicar, pues su condena está en juego; va a cantar más fuerte que los tres tenores interpretando “O Sole Mio”.






