Los hijos de Andrés Manuel López Obrador representan un continuo dolor de cabeza para la presidenta Claudia Sheinbaum.
Que si Andy sigue con sus desplantes de nuevo rico en vacaciones VIP.
Que si Andy se cansa muy rápido en trabajos partidistas.
Que si Andy se inventa motivos para no asistir a las reuniones internas de Morena y menos viajar a los estados.
Nació cansado el muchacho, el junior acostumbrado a no trabajar.
Y ahora Gonzalo López Beltran, quien, según él, participó con sentido honorífico, sin ganar sueldo, en el proceso de construcción del Tren Interoceánico que se descarriló y mató a 14 pasajeros.
¿Honorífico?
Nada, se pasó haciendo negocio con las empresas a modo, cuyos materiales eran chafas y aceleraron los riesgos del accidente trágico que finalmente sucedió.
Aunque la investigación sigue, El Mirón le adelanta que la causa quedará en error humano y nada se hará contra los responsables de la mala calidad de la obra, donde hizo negocio Gonzalito.
Y ahí está José Ramón, el otro junior, captado al salir de una tienda de lujo en Houston.
El mismo que vivía en una mansión, propiedad de uno de los empresarios favoritos de su papá, cuando desgobernó al país.
Lo dicho, estos juniors le propician puros dolores de cabeza a la presidenta Claudia Sheinbaum.






