Después de la desastrosa gestión de Marko “Quico” Cortés, el PAN anunció que, en 16 estados, incluido Coahuila, deberá ser mujer la dirigente estatal.
El Comité Ejecutivo Nacional relegó a los hombres que pretendían suplir a Elisa Maldonado, quien, junto a Marko Cortés, es considerada la peor líder que han tenido los panistas de Coahuila, y ahí están sus pésimos resultados.
Para ir a la par de los morenistas que serán dirigidos por Luisa María Alcalde, actual secretaria de Gobernación, Acción Nacional hace suyo el tiempo de las mujeres, en busca de mejores resultados.
En Coahuila, sin el PRI, el PAN fue relegado hasta el quinto lugar, está inmerso en la pobreza política, producto de su nulo trabajo social y la incapacidad para dar paso a una nueva generación de mujeres y hombres que reactiven sus estructuras.
Incluso, los viejos panistas, de manera sistemática, bloquean a cualquiera que quiera sobresalir. El resultado: un panismo que huele a viejo.
Al mismo tiempo, un panismo débil a expensas de decisiones egoístas y alocadas como la decisión de Marko “Quico” Cortés de romper la alianza con el PRI en la pasada elección de alcaldes, a sabiendas de que el resultado sería fatal; la dirigencia de Elisa Maldonado se sometió y traicionó a los militantes.
Ante esa realidad, es un hecho que Elisa (títere de Mario Dávila, el alcalde perdedor) saldrá como tapón de sidra por traición y pésimos resultados.
Y la dirigencia seguirá en manos de una mujer.
Quién se apunta puede ser Esther Quintana, actual secretaria de Cultura en el actual Gobierno estatal de coalición, o bien Amal Esper, de la nueva generación; o Tere Romo. Cualquiera lo haría mejor que Elisa Maldonado.






