Noroña solo vino a hacer el ridículo.

Igual que la vez anterior, el nuevo rico morenista se llevó críticas y abucheos de los laguneros.

Y es que a donde va, Gerardo Fernández Noroña es motivo de reclamos por corrupto.

Ya en la congeladora a donde lo envió la presidenta Sheinbaum por tantos dolores de cabeza y molestias que le provoca, Noroña mantiene sus posturas irreverentes, pero ya desangeladas y mentirosas.

No puede criticar a los ricos, como lo hacía, porque resulta que tiene una casa millonaria en Tepotzotlán.

Tampoco puede criticar a los políticos que se dan vida de ricos, porque se convirtió en el principal viajero VIP a Europa y en comprador de las tiendas de ropa exclusivas.

Su narrativa morenista está agotada y viene a la Laguna con afanes de peso que ya no tiene.

Perjudica a los morenistas que ahora lo ven más como pasivo, que como activo.

La última vez que visitó Torreón y luego Piedras Negras y Acuña, lo hizo en avión privado  y acompañado de Shamir Fernández y su esposa Pily, ahora candidata a diputada local.

Igual que ahora, solo recibió críticas, igual que en cualquier lugar que visita.

En un restaurante, en una calle, en el cine, en donde sea, la gente lo critica y le reclama sus excesos.

Aunque se hace la víctima, lo cierto es que ya no tiene credibilidad y se ha convertido en otro pasivo más para los morenistas a los que ya los alcanzó el pasado que es la herencia de corrupción y de impunidad del expresidente Andrés Manuel López Obrador.