Aunque reapareció en Culiacán, es más que evidente la corrupción que representa Marco Antonio Almanza, exjefe de Investigación de la Policía en Sinaloa.

Mientras aquí se protege al exgober de ese estado, Rubén Rocha, allá, en EE. UU., ya se entregaron dos de la lista de diez denunciados por proteger al grupo criminal de Los Chapitos.

El golpe a los narcopolíticos de Morena es cada vez más fuerte.

Los dos que se entregaron buscan ser testigos protegidos —ya lo son— y presentarán más pruebas contra Rocha, otros gobernadores y el golpe final directo al expresidente de las mentiras y de la corrupción, Andrés Manuel López Obrador.

Marco Antonio Almanza, quien se dijo ya se había entregado y reapareció en Culiacán, es acusado por EE. UU., de recibir 300 mil pesos al mes, además de otras cantidades millonarias, por facilitar la introducción de droga hacia California y de proteger al Cártel de Sinaloa.

Por su puesto, que no lo hacía sin tener la autorización de su jefe Rubén Rocha.

Y así, EE. UU. avanza en su estrategia de combatir a los llamados narcoterroristas, pero que tiene una implicación directa: la debacle política de Morena.

El efecto dominó se acelera y comenzarán a caer, una tras otra, las fichas morenistas involucradas con el narco en los estados donde aún gobiernan y donde los ciudadanos están agotados por la inseguridad.

Es Sinaloa y le siguen otros estados que gobierna Morena, como Tamaulipas, Guerrero, Veracruz, Zacatecas o Michoacán, entre otros.

En cada uno de esos estados existen Rubenes Rocha y más implicados en la corrupción que hunde a Morena.