Rubén Rocha vive en el Palacio de Gobierno de Sinaloa, resguardado por agentes federales, un helicóptero y drones.

De película, el gobernador morenista con licencia, acusado de narco, es resguardado ante el temor de que alguien lo entregue al Gobierno estadounidense.

Rubén Rocha sabe demasiado y su caída implicaría el efecto dominó.

Cae una ficha y, poco a poco, caen todas las demás.

Pero para Morena lo peor es que el dueño de esas fichas se llama Andrés Manuel López Obrador.

De ahí que al interior del Gobierno federal exista una guerra entre quienes apoyan a la presidenta Sheinbaum y desean que Rocha sea entregado y afrontar las consecuencias, y los radicales, los que aún sostienen que López Obrador manda.

Mientras el enfrentamiento se hace más fuerte, Estados Unidos ya fijó su postura.

En voz del director de la DEA, Terry Cole, advirtió que lo de Rocha es apenas el inicio de lo que viene.

¿Qué viene?

Más nombres de políticos morenistas que protegen a la delincuencia organizada en sus estados y desde sus posiciones.

En medio de la postura estadounidense y de, hasta ahora, férrea defensa a Rubén Rocha, aparece el Mundial de Futbol y los riesgos de que haya disturbios y violencia.

En todos los sentidos, nada favorable les espera a los gobiernos morenistas.