Los de Morena no aprenden.

La anunciada visita de Claudia Sheinbaum este domingo los volvió a descobijar.

La división entre los verdaderos y los arribistas sigue y sigue, después de fracturarlos, gracias a Ricardo Mejía, y propinarles una enorme derrota en la pasada elección para gobernador.

A la misma hora, ambos bandos citaron a conferencia de prensa para lo mismo. Así o más evidente la división.

Por un lado, los morenistas de hueso colorado junto a Guadiana, y por el otro los arribistas de los expriistas Gerardo Berlanga y Shamir, entre otros con negro historial.

Ambos para congraciarse con la más segura candidata presidencial.

Difícil objetivo tiene Claudia Sheinbaum de sumar a las tribus morenistas.

Sin embargo, junto a Mario Delgado, tiene clara la radiografía de su partido político y las causas por las que no camina.

Junto a Mejía están ahora los arribistas y El Mirón los tiene bien identificados. Esos, antes priistas, buscan que la oleada de Sheinbaum los lleve al Senado, a las diputaciones federales y a las candidaturas a las alcaldías.

Lo peor, sin tener méritos de militancia y por encima de los verdaderos morenistas.

Los de Morena no entienden y lo peor que tienen, lo tienen adentro. La división es su distintivo, la ambición de los arribistas su naturaleza. En fin, ahí síganle.