Vaya escándalo de corrupción en Torreón, donde la Comisión Federal de Electricidad descubrió «diablitos» en por lo menos 600 domicilios en colonias residenciales, donde sólo pagaban un 30 por ciento de la energía eléctrica que consumían.
Pero la corrupción no viene solo del propietario de la casa, sino también del personal de la CFE que ofreció la tranza.
Ante tal realidad de corrupción de uno y de otro lado, la CFE optó por lo más fácil.
Instalar módulos en los fraccionamientos, para que los infractores paguen lo que deben y sean reconectados.
¿Y al interior de la CFE?
Al interior la dependencia que dirige Manuel Bartlett, enigmático de todo lo irregular, protegió a funcionarios y a empleados que se enriquecieron instalando los «diablitos» a cambio de grandes sumas de dinero.
Igual sucede con el robo de gasolina y de diesel en Pemex.
Al interior hay una gavilla de funcionarios ladrones que saben dónde, en qué momento y quién se roba los combustibles, para luego venderlos a la luz de todos a la orilla de las carreteras.
Ahí llegan los traileros para consumar el saqueo, ante un Gobierno federal complaciente, aunque diga lo contrario con sus propios datos el presidente López Obrador.
CFE y Pemex, las empresas insignes de nuestro país, siguen siendo sangradas por la corrupción oficial.
Los hechos lo demuestran, a pesar de que el Gobierno federal dé sus versiones alejadas de la realidad.






