Se llama Hassan Emilio Kabande Laija, es originario de Zapopan, Jalisco y de sangre libanesa. 

Le llaman el Peso Pluma y representa la antítesis de lo aspiracional; pantalón guango de mezclilla hasta antes del talón para que luzca el chamorro y los tenis blancos, playera también guanga y de colores llamativos, tatuajes en casi todo su cuerpo, pulseras de colores y un corte de cabello llamado mullet: largo de atrás. con fleco muy corto en la parte media y las orejas descubiertas.

Es un estilo andrógino, de uso en hombres y mujeres; su tono de voz es rasposo, como borracho o drogado. En menos de un mes, la pobreza de los medios de comunicación y el afán de ganar dinero lo han convertido en un ídolo con pies de barro. Con una canción del ritmo corridos tumbados o bélicos, donde llama morra a una mujer a la que invita a bailar y la envuelve al tirarle un verbo que la enamora.

Con esa pobreza de imagen y de canción se refleja a las nuevas generaciones, donde todo es posible, menos el trabajo constante, la disciplina y los valores de antes.

El Mirón sí está asustado, porque privilegia el dinero que se gana rápido y la conquista sin ritual romántico. Ahora no, todo se hace fácil, hasta llevar a un joven al clímax del espectáculo, joven que no debería significar a nuestra sociedad en general, pero que, lamentable, sí jala a los que andan sueltos que cada vez son más.

Estamos jodidos. «Compa, ¿qué le parece esa morra? La que anda bailando sola, me gusta pa’ mí». Si Agustín Lara reviviera con «Solamente una Vez» se volvería a morir de pena. Ritmo pegajoso, sí, pero no para tanto y tanto.