Murió don Armando Guadiana, hombre polémico, político simpático y con la franqueza única que lo hizo distinto.
“Honrado, honrado, no soy”, respondió en los tiempos en que fue diputado local por el PRI, a la pregunta de si era honesto.
Luego, hace 20 años, junto al empresario Francisco Javier Duarte y a Juan Pablo Rodríguez, convocaba a empresarios en Saltillo para que conocieran a Andrés Manuel López Obrador.
A la mera hora, los invitados no acudían y solo los tres departían la cena con el hoy presidente de la república.
“Pos fíjate que no quisieron venir y ni modo”, le decía don Armando a López Obrador, quien desde la mañanera ofreció un sentido pesar a la familia de Guadiana, con quien señaló “tuve diferencias, pero fue siempre mi amigo con el que nunca tuve roces”, puntualizó.
Morena era Guadiana en Coahuila y al revés. Ganó la senaduría y perdió, consecutivo, la alcaldía de Saltillo y la gubernatura de Coahuila, pero nunca dejó de ser un político sincero, carismático y muy querido.
“Ya llegó Guadiana”, decían en los pasillos de los estudios de RCG Media cuando llegaba ataviado con su sombrero Steston café claro, saco azul marino, pantalón de mezclilla y tenis blancos.
No podía faltar su pin taurino del lado izquierdo, con la cabeza de un toro de lidia en señal de devoción a la fiesta que siempre lo acompañó.
Y era fiesta, porque bien podía cantar en cualquier entrevista o afirmar que tal o cual adversario político era mejor que él. La franqueza siempre por delante y se defendía con ella de los ataques de contrincantes como Ricardo Mejía o Lenin Pérez.
Claudia Sheinbaum envió palabras solidarias a su familia y destacó que don Armando siempre apoyó a Morena en los momentos de definiciones.
Y es que Guadiana se ganó el cariño de propios y de extraños y será recordado como empresario minero, promotor del deporte, político sincero y divertido, bailador, pachanguero y amigo, en las buenas y en las malas, de esos de a deveras.
Su legado es su hija Cecilia, candidata al Senado, y su hijo postizo Alberto Hurtado, quien es diputado local, pero al margen de su posición política siempre prodigó su amistad, cariño y apoyo al ingeniero, siempre, sin medida.
Hoy el ingeniero Guadiana descansa en paz, pero sus formas se quedan para siempre. Olé, torero, olé, matador, en el escenario de las distintas formas de ejercer la política, se llevó las dos orejas, el rabo, la vuelta al ruedo y le indultaron el toro de su ganadería. Descanse en paz.






