Lo que vio y escuchó fue el último, gracias a Dios, el último informe de un presidente con amnesia. Se le olvida lo que no le conviene.

No incluyó en su última mañanera, perdón, informe, la grave crisis de inseguridad en casi todo el país -menos Coahuila a mucha honra- la devaluación del peso frente al dólar, las protestas masivas por su pretendida reforma al Poder Judicial de la Federación.

El presidente López Obrador todavía hizo gala de su actitud populista al pedir, a mano alzada, la anuencia popular, a favor de esa reforma.

Llegó al extremo de asegurar que los servicios de salud ya superan a los de Dinamarca.

De seguro los ciudadanos de Sinaloa no daban crédito a lo que fue el informe, porque también se le olvidó la violencia que viven en una entidad incendiada en caos y con la complicidad entre su gobernador morenista Rubén Rocha y el narco enaltecido con el supuesto secuestro de “El Mayo” Zambada.

Tampoco tocó la crisis migratoria y la corrupción en los estados del sur.

Y, por supuesto, se le olvidó la grave crisis en la relación con Estados Unidos y con Canadá.

Una crisis derivada de su molestia, porque el embajador, Ken Salazar, apoyado por Canadá, le dio el manotazo al advertir que su reforma al Poder Judicial de la Federación provocará más inseguridad, devaluación y es un atentado a la democracia.

Desde luego, se le olvidó hablar sobre cómo castigó el progreso de estados del norte, como Coahuila, al recortarle recursos para financiar sus programas sociales y acrecentar su paternalismo hacia las entidades del sur.

En fin, el presidente López Obrador ya se va, le queda un mes y será recordado por populista y por tantos compromisos que nunca cumplió, característica fiel de los gobiernos de Morena.