Es casi de dominio popular que el presidente AMLO trae como capricho la aprobación de la mentada reforma electoral, es tanto su interés que después de que el Congreso Federal le tumbara la primer propuesta rápidamente hicieron un copy paste e hicieron el ya famoso Plan B que no fue otra cosa que lo mismo pero disfrazado, de tal manera que no se requiere la mayoría calificada para su aprobación. En cuestión de minutos aprobaron un documento que consta de más de 600 páginas; estará usted de acuerdo que ni la leyeron solo la modificaron.
El quid de todo esto es que en el Instituto Nacional Electoral dijeron “ni maíz paloma” y los 11 consejeros acordaron acudir a todas las instancias legales hasta llegar a la Suprema Corte donde muy seguramente la tumbarán.
El presidente sabe que es muy probable que su Plan B no termine como él quisiera, pero es qué hay que ser claros, a todas luces hay muchas cuestiones que son anticonstitucionales.
Hay seis leyes que integran esta famosa reforma que ponen en riesgo no sólo las elecciones federales de 2024, sino la democracia misma.
La reforma desaparece a la Secretaría Ejecutiva del INE y el Servicio Profesional de Carrera, que deja sin empleo a 2 mil 175 personas y reduce a su mínima expresión los Organismos Públicos Locales Electorales, lo cual también estaba contemplado en el Plan A, y claro, todo argumentado en el falso debate de que el INE cuesta mucho.
La misma reforma B también dañaría a medios de comunicación pues coartaría la libertad de información incluyendo la de los estados y municipios de informar acciones referentes a educación, seguridad, salud etc.
En fin, no terminaría hoy de hablar del tema, pero lo que sí le puedo adelantar es que muy seguramente la tumben y por eso el pleito del presidente con los consejeros del INE a los cuales ya les dijo de todo, es más, hasta los relacionó con Genaro Garcia Luna que ni vela tiene en el entierro. El agarrón está bueno y eso que apenas vamos en el round 2.






