Frente al apretado escenario de opciones políticas, con un PRI que naufraga en aguas negras y solo tiene una isla no contaminada -Coahuila- y un PAN carcomido en contradicciones de corrupción y aparente moralidad, surge la opción de crear un verdadero partido político opositor a Morena: el INE.

Su defensa de millones de mexicanos con y sin partido, no acarreados y con voluntad de defender la democracia lo harían viable, aun sin vislumbrar al candidato presidencial.
Atentar contra el INE con un Plan B del presidente López Obrador que busca reducir su trabajo electoral, maniatar a estados y municipios y controlar sus decisiones como árbitro objetivo, encausó a una sociedad a levantar la voz bajo el grito: «El INE no se toca».

Ni en sueños el PRI o el PAN provocan esa reacción y ni juntos llenarían una plaza pública en defensa de sus actuales líderes faltos de moral y de buenas costumbres.
Nadie, salvo sus borregos que son poquitos, saldría en defensa de Alejandro Moreno y Rubén Moreira, la peor dirigencia en toda la historia del PRI repleta de derrotas.
Tampoco los panistas saldrían a defender a Fox o a Calderón y menos al actual dirigente Marko Cortés.

Pero sí lo hicieron millones y millones en todo el país, lo que demuestra que la inconformidad contra López Obrador está sembrada y es cada vez mayor y más profunda.

Solo falta que alguien de adentro de Morena la canalice para crear un verdadero partido de oposición, cómo surgió el Morena de AMLO.

El nombre y la marca es lo de menos, ya ven cómo el INE y su defensa ya canalizaron la voluntad despierta y masiva que los actuales partidos no provocan. «El INE no se toca» equivale a que surja un partido que realmente defienda la democracia ante el populismo morenista.