¡Híjole! El Mirón se enteró de que vivió en Coahuila don Porfirio Díaz. Perpetuado en el poder, Arturo González ya se apropió del Museo del Desierto y es como su negocio familiar. Ya cumplió 20 años como director y, a quien no conoce, presume que él hizo el museo, lo cual es totalmente falso; él llegó tres años después de que fue inaugurado, por lo que Arturo «Porfirio Díaz» es mentiroso y saluda con sombrero ajeno.
Pero eso es lo de menos, tiene en su haber señalamientos de vender a extranjeros las piezas de restos fósiles de dinosaurios y plantas del semidesierto, además de financiar con dinero del MUDE sus viajes de asesorías a otros estados del país y hasta del extranjero.
Creó una empresa llamada «Arte y Conciencia», la cual maneja su familia y que, por su puesto, aprovecha los activos del recinto. En 20 años no le han practicado auditoría alguna, desde Enrique Martínez, Humberto Moreira, Rubén Moreira y Miguel Riquelme.
Goza de toda impunidad, quién sabe por qué motivo, y ahora se prepara para conmemorar el 23 aniversario de la fundación del Museo del Desierto, al que llegó como paracaidista.
Y El Mirón, que en todos lados anda, se enteró que lejos de hacer un festejo a la altura; conferencias con expertos en materia de fósiles de dinosaurios, semidesierto y en especial del desierto de Chihuahua, en que nos ubicamos, don Arturo «Porfirio Díaz» organiza un baile para jóvenes, donde habrá alcohol y parranda.
Ya de por sí, corre la especie de que es muy adicto a eso y más, ahora hará negocio redondo, al promover el vicio en lugar del conocimiento. Urge que lo audite el Comité Directivo. Urge que llegue el aire fresco y renovado al MUDE, hoy negocio familiar de don Arturo «el ganón».






