Tres temas no dejan dormir al expresidente Andrés Manuel López Obrador y en cada uno de ellos está la línea dura de Donald Trump.
En su sexenio, AMLO desmintió la existencia de laboratorios para la fabricación de fentanilo.
Su fracasada política de los “Abrazos, no balazos” argumentó que solo había precursores llegados de Asia que se convertirán en fentanilo en laboratorios de Estados Unidos.
Nada más falso, y de ahí la acusación estadounidense de que AMLO protegió al narcotráfico.
Hoy la Secretaría de Seguridad federal que dirige Omar García Harfuch ha destruido 829 laboratorios donde se fabricaba el fentanilo, la gran mayoría en Sinaloa, gobernada por el morenista Rubén Rocha.
De ahí nos vamos al huachicol que AMLO aseguró erradicar.
Hoy está peor que nunca y, durante su sexenio, creció a nivel de contrabando hacia otros países del mundo, mediante una red en la que también participan desde Estados Unidos.
Y ahora la lista negra de gobernadores y funcionarios federales que son investigados por actividades ilícitas como lavado de dinero por el FBI y que ya tuvo efecto con el retiro de la visa como turista a la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila.
Todos y todas los que aparecen en la lista tienen la marca de López Obrador.
En todo lo que agobia al expresidente, ahora símbolo de la impunidad y de la corrupción, está la mano del presidente Donald Trump.
Y marca la línea de una presión cada vez mayor hacia la presidenta Claudia Sheinbaum, que heredó narcotráfico, creciente inseguridad, impunidad y corrupción y, con el tiempo, sin importar consecuencias políticas, deberá deslindarse de AMLO, como ya lo hace en los hechos, no en las






