Ramos Arizpe.- Es el dos de noviembre Día de los Muertos, fecha en que los panteones se visten de colores por las flores que adornan las tumbas de quienes se nos adelantaron en el camino, fecha en que familias completas rezan por sus seres queridos, porque habrán partido de este mundo, pero son sus recuerdos los que los mantienen vivos.

Es el día para arreglar las tumbas, el lugar en el que descansan y que, al menos por este día, recobra vida, día en que afanosos, padres, hijos o nietos les dan su manita de gato, no importa la hora, sea por la mañana, tarde o noche, todos se dan tiempo para hacer la visita que, al menos por este día, es obligatoria.

Algunos otros prefieren la soledad para recordar al padre, la madre, el hermano o al amigo, solos meditan, tal vez recordando los momentos de alegría o tristeza vividos con alguien que ya no está, pero que de seguro lo acompaña en sus recuerdos, porque solo el olvido hace que en verdad los que se fueron mueran para siempre.

El abandono de algunas tumbas contrasta con el colorido y ambiente de fiesta que se observa en el Panteón San Nicolás de Ramos Arizpe, sepulcros en completo abandono, que con el paso del tiempo se han ido deteriorando, lugares olvidados a los que sí llegó la muerte.