Camerún.- En un cierre de jornada cargado de simbolismo y calidez, el Papa León XIV protagonizó un momento de profunda humanidad que ha dado la vuelta al mundo. El hecho ocurrió justo cuando el pontífice se disponía a abandonar la sede de su último encuentro para dirigirse al aeropuerto, marcando el final de su visita apostólica.
Lo que parecía un protocolo de salida ordinario se vio interrumpido por la espontaneidad de una pequeña originaria de Camerún, quien burló momentáneamente la seguridad para acercarse al Santo Padre.
Mientras el Papa León XIV estaba a punto de subir a su automóvil oficial, la niña corrió hacia él con los brazos abiertos. Lejos de permitir que la seguridad interviniera de forma rígida, el pontífice se detuvo para recibir el abrazo de la pequeña, un gesto que fue recibido con aplausos y lágrimas por parte de los fieles que se habían congregado para despedirlo.
El pontífice correspondió al afecto de la menor, demostrando una vez más su enfoque en la atención a las periferias y a la infancia.
Como muestra de bendición y recuerdo, el Papa le regaló un rosario a la niña, quien lo recibió con asombro ante la mirada de los testigos.







