México.- La literatura latinoamericana vivió una de sus rupturas más sonadas el 12 de febrero de 1976, cuando un puñetazo del peruano Mario Vargas Llosa dejó inconsciente y sangrando a su entonces amigo, el colombiano Gabriel García Márquez. El golpe, lanzado en el auditorio de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica en México, selló el fin de una amistad que había marcado una época dorada para las letras hispanoamericanas.
“¡Esto es por lo que le dijiste a Patricia!”, gritó Vargas Llosa justo antes de agredir al autor de Cien años de soledad, en aparente alusión a su entonces esposa, Patricia Llosa. Aunque nunca se confirmó oficialmente el motivo exacto del altercado, se ha especulado durante décadas sobre un presunto escarceo entre García Márquez y la esposa del peruano, una versión recogida sin pruebas definitivas por el escritor Jaime Bayly en su novela Los genios (2023).
Ambos escritores habían acudido al estreno del documental La odisea de los Andes, escrito por Vargas Llosa, basado en la tragedia del equipo de rugby uruguayo que sobrevivió durante meses en los Andes tras un accidente aéreo en 1972. Fue allí donde ocurrió el incidente que partiría en dos una de las amistades más célebres del llamado «boom latinoamericano».
Un golpe retratado y silenciado por años
El fotógrafo Rodrigo Moya inmortalizó las secuelas del puñetazo a petición del propio García Márquez, imágenes que permanecieron ocultas hasta el 80º cumpleaños del Nobel colombiano. En un texto titulado La terrorífica historia de un ojo morado, Moya narró cómo Mercedes Barcha, esposa de Gabo, intentó evitar un escándalo público tratando al herido en casa: “Le aplicó bistecs toda la noche para absorber la hemorragia”.
Según relató el fotógrafo, Mercedes repetía con enojo: “Mario es un celoso estúpido”.
Una amistad forjada en Barcelona y rota en México
Vargas Llosa y García Márquez se conocieron en 1967 en un aeropuerto de Caracas. El peruano ya era una figura literaria consolidada; el colombiano, recién encumbrado con el éxito de Cien años de soledad. La amistad se estrechó durante su estancia en Barcelona, en el barrio de Sarrià, donde ambos vivieron una de sus etapas más creativas. Fue allí donde Vargas Llosa escribió Historia de un deicidio, su tesis doctoral sobre la obra de García Márquez.
También compartieron correspondencia con otros gigantes del «boom» como Julio Cortázar y Carlos Fuentes, recogida en Las cartas del Boom. Sin embargo, la cercanía entre ambos escritores se fue deteriorando —algunos apuntan que en París, donde coincidieron con sus parejas—, hasta estallar públicamente en aquel infame episodio en México.
Desde entonces, nunca más volvieron a ser amigos ni se reconciliaron públicamente. Lo que sí quedó para la historia fue la imagen de dos genios enfrentados, uno de izquierda y otro, como describió Moya, “de contundentes derechazos”.






