A través de los años hemos sido testigos de la lucha que han tenido que librar personas con preferencias sexuales diferentes para poder ser reconocidos, respetados e incluidos en una sociedad donde cada vez es más exigente entre lo que debería ser y lo que no. Todos deberíamos tener derecho a amar a quien mejor nos plazca y ser como queramos sin que le importe a nadie más. 

Últimamente se ha generado un movimiento en donde la inclusión se basa en una letra… el decir compañera o compañero está incorrecto, hay que decir “compañere” por aquello de las personas binarias o que no quieren ser encasillado en un solo género, la verdad no estoy de acuerdo con eso. Siempre he respetado y apoyado a personas de la comunidad LGBTTTIQ, tengo amigos y amigas muy queridas que pertenecen a ella y para procurar su amistad no les pregunté si eran gays o lesbianas, simplemente son personas que me brindan su cariño y amistad y yo lo regreso de igual manera. 

Por eso, el que alguien se moleste por no utilizar la “e” para referirse a ellos, me parece ya una exageración, porque no tenemos la obligación, al referirnos a alguien, de saber si es gay o no, o si es heterosexual o no, creo que también en el pedir está el dar. Así como a mí me gusta que me digan Dany. Alguien sin enojarse y entendiendo que no todos estamos familiarizados con el tema de todas las variantes que tienen ahora los géneros, podría explicar y pedir cómo quiere que se le llame.

Ya en términos muy específicos, La Real Academia de Lengua que rige nuestro idioma rechaza reiteradamente el lenguaje inclusivo, y ya se ha manifestado en contra del uso de “x”, “e” o “@” como marca de género. Ya que, el masculino gramatical funciona en nuestra lengua (español) –como en otras–, como término inclusivo para referirse a colectivos mixtos, o en contextos genéricos, o inespecíficos.

Pienso que la inclusión va más allá de una letra, y de un género, la inclusión debería estar en aprender a hablar lenguaje de señas, para poder comunicarnos con personas sordomudas, aprender a escuchar cuando alguien tiene una opinión política distinta a la de nosotros, enseñar a nuestros hijos a que hay personas que se ven diferente, que piensan diferente, que aman diferente y que ¡Eso está bien!, que las personas valen por lo que son como seres humanos, por el cariño que brindan, por su bondad, por su educación, por su amor al prójimo; no por sus preferencias sexuales, ni por su físico, ni por su dinero, ¡Eso es inclusión! 

Sí, hay que respetar, pero el respeto es de ambas partes. 

¡Hasta la próxima!