Nueva York.- En una declaración que redefine los límites de la intervención diplomática, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió este domingo que cualquier sucesor del fallecido ayatolá Alí Jameneí necesitará el visto bueno de la Casa Blanca para mantenerse en el poder. Durante una entrevista con la cadena ABC News, el mandatario republicano aseguró que si el nuevo líder supremo no cuenta con su aval, «no durará mucho» en el cargo.
Estas declaraciones ocurren mientras las operaciones militares de la coalición avanzan sobre territorio iraní, una ofensiva que Trump justificó bajo la premisa de frenar la expansión de Irán en todo el Oriente Medio.
El presidente describió las capacidades de defensa de Irán como neutralizadas, calificando al país como un «tigre de papel». Según Trump, el objetivo estratégico actual no es solo la victoria militar inmediata, sino garantizar un cambio permanente que evite conflictos cíclicos.
“Mi objetivo es no tener que volver atrás cada 10 años”, sentenció el mandatario, quien no descartó aceptar a un líder vinculado al antiguo régimen clerical, siempre y cuando sea considerado un «buen líder» bajo los estándares de su administración.
Irán responde: «No permitimos interferencias»
Desde la contraparte, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, calificó las palabras de Trump como una intromisión inaceptable en los asuntos soberanos de la República Islámica. En entrevista para Meet the Press de la cadena NBC, Araghchi fue enfático al señalar que la elección del clérigo de mayor rango corresponde únicamente a las instituciones iraníes.
Araghchi desmintió que el nombre del sucesor ya esté definido, calificando de «rumores» las especulaciones sobre la designación del próximo líder.
Al ser cuestionado sobre si el hijo del difunto ayatolá es el favorito para heredar el cargo, el diplomático evitó dar nombres: “Bueno, nadie lo sabe. Corresponde al pueblo iraní elegir a su nuevo líder”.
Mientras Washington insiste en que las operaciones militares avanzan «según lo previsto», el futuro político de Irán pende de un hilo. La muerte de Jameneí el pasado 28 de febrero ha dejado un vacío que la Asamblea de Expertos busca llenar con cautela, mientras el mundo observa si Teherán optará por una figura de continuidad o si la presión de la Casa Blanca forzará una transición hacia un liderazgo más alineado con los intereses de Occidente.







