En una entrevista inédita realizada en La Habana en 1994, el célebre escritor colombiano Gabriel García Márquez reveló conexiones entre la música y su obra literaria, como su gusto por los vallenatos de su país que le gustaban por sus historias desde que era un niño. La conversación con el documentalista Jon Intxaustegi, en colaboración con el periodista Mauricio Vicent, había permanecido oculta hasta este domingo que el diario El País y la revista ‘TintaLibre’.

Sobre su obra más emblemática, «Cien años de soledad», el Gabo la describió como «un vallenato de 450 páginas», por la estética y conceptos similares que comparte este sonido del Caribe de Colombia con su novela. «La estética es la misma, el concepto es el mismo, el recurso es el mismo: historias que andan por ahí y que se pierden en el olvido popular», detalló con seriedad.

El vallenato, según García Márquez, era una forma de contar historias, un tipo de periodismo ambulante que utilizaba la música como medio para transmitir acontecimientos y narraciones populares. Esta idea del vallenato como fuente de inspiración se extendió a otros libros suyos, como «El amor en los tiempos del cólera», que describió como «un bolero de 380 páginas».

El autor destacó la importancia de la música vallenata en su país, remontándose a su infancia cuando iba a escuchar a los acordeoneros durante las festividades. García Márquez afirmó: «Tengo la impresión de que, de todos mis libros, el que mejor sintetiza el Caribe es ‘Del amor y otros demonios'».

El Caribe desempeñó un papel crucial en su literatura, y García Márquez enfatizó que esta región no se limitaba a una ubicación geográfica, sino que era un territorio cultural que se extendía desde el sur de los Estados Unidos hasta el norte de Brasil. Esta percepción cultural del Caribe se refleja en sus obras y en su capacidad para capturar la autenticidad de la región.

La entrevista reveló además la relación personal de García Márquez con la música. Aunque no escribía escuchando música, siempre estaba inmerso en ella mientras creaba. Su elección musical variaba, desde la música culta, como las composiciones de Béla Bartok, hasta los boleros. Sin embargo, señaló que, en cierto punto, la música podía distraerlo de su escritura, lo que le hacía preferir el silencio al momento de trabajar.

El autor colombiano ganó el Premio Nobel de Literatura en 1982, falleció en 2014 y su legado es indispensable para la literatura escrita en español, en especial para Latinoamérica