Veracruz.- La aprehensión de Norberto “N”, alias “Beto Piña”, en junio de 2022, permitió a las autoridades ver por primera vez el verdadero alcance de “Los Piña”, un grupo delictivo con fuerte presencia en Veracruz y vinculado al Cártel de Jalisco Nueva Generación. Aunque su centro de operaciones fue identificado en 2020 como el rancho Monte Rico, la captura del presunto líder reveló detalles inéditos sobre una estructura criminal con infraestructura propia, desde bodegas hasta un zoológico privado con animales exóticos. Además de su rol como escondite, el rancho era un enclave estratégico que permitía el control de rutas clave entre el puerto de Veracruz y Coatzacoalcos.

La organización, encabezada también por los hermanos Rodríguez, fue señalada por su extrema violencia en la cuenca del Papaloapan, destacando en municipios como Playa Vicente, Isla y Otatitlán. Monte Rico funcionaba como centro de mando para operaciones como robo de combustible, extorsión y asesinatos, y contaba con talleres, viviendas y gimnasios que albergaban a los familiares de los líderes. Aunque la detención de figuras como Ana Lilia “N”, alias “La Contadora”, pretendía frenar las operaciones del grupo, las actividades delictivas continuaron en la región limítrofe entre Veracruz y Oaxaca, afectando directamente a comunidades locales.

En el norte de la entidad, la violencia cobró fuerza a través de un sistema de extorsión dirigido especialmente al transporte público. Las investigaciones han señalado que taxistas son obligados a pagar doble cuota de “piso”, tanto al Cártel del Golfo como a “Los Piña”, quienes usan estas unidades como red de distribución y vigilancia. Los ataques recientes, como el asesinato de una profesora en Álamo Temapache y un conductor de taxi en la Tuxpan-Cazones, reflejan la cruenta lucha por el control de las rutas, en una disputa que continúa dejando víctimas entre la población civil.