Lo que pretendía ser una convivencia pacífica de la comunidad Therian en la capital yucateca terminó en un episodio de violencia y arrestos el pasado sábado 21 de febrero. Una mujer, ahora apodada en redes sociales como «Lady Therian», irrumpió en la reunión masiva celebrada en el Monumento a la Bandera para agredir física y verbalmente a los asistentes, provocando la intervención de la policía estatal.

El incidente se viralizó rápidamente debido a la naturaleza del ataque, en el cual la agresora lanzó huevos y croquetas contra los participantes, quienes se encontraban caracterizados con máscaras y accesorios de animales.

«Lady Therian»: Entre la agresión y el rechazo
Según los reportes de los presentes y videos captados por curiosos, la mujer increpó a un joven caracterizado como perro con frases provocadoras: “¿Quieres croquetitas? ¿Se te antojan unas croquetitas?”. La situación escaló cuando la joven pasó de los insultos a los golpes, agrediendo a un participante y a su acompañante, lo que derivó en su detención inmediata por parte de elementos de seguridad.

Días después de ser liberada, la joven reapareció en sus redes sociales con un mensaje desafiante. Aunque admitió que «sí se pasó» con la violencia física, declaró que no se arrepiente de haber atacado al joven caracterizado como animal. Además, arremetió contra sus propios acompañantes, tildándolos de «hipócritas» al asegurar que ellos también deseaban golpear a los asistentes.

¿Moda, pánico moral o identidad?
El evento en Mérida es el reflejo de un fenómeno creciente en México. Los therians son personas que sienten una identificación espiritual o emocional profunda con animales. A diferencia de otros grupos, no creen ser animales literalmente, sino que utilizan el comportamiento animal (como los quadrobics o imitación de movimientos) como una forma de expresión simbólica.

Especialistas señalan que el movimiento ha crecido gracias a plataformas como TikTok y Reddit, pero este crecimiento ha venido acompañado de un «pánico moral». En redes sociales, el grupo es frecuentemente estigmatizado, lo que ha llevado a la comunidad a buscar refugio en plazas y universidades para crear «espacios seguros».