Saltillo, Coah.- La política de «Abrazos, no balazos», del expresidente Andrés Manuel López Obrador, heredada a la presidenta Claudia Sheinbaum es un fracaso y la evidencia no sólo es el aumento en la violencia en estados como Sinaloa, Zacatecas, Guanajuato y Guerrero, entre otros, sino la imposición del 25 por ciento de aranceles a los productos mexicanos por parte del gobierno de los Estados Unidos.

La reciente imposición de aranceles a las importaciones mexicanas por parte del presidente estadounidense Donald Trump ha dejado en evidencia el fracaso del gobierno de Morena en materia de seguridad y combate al narcotráfico. 

La estrategia de «Abrazos, no balazos» implementada en el sexenio anterior, y que heredó la Administración de la presidenta Sheinbaum, ha permitido que los cárteles se fortalezcan, expandan su control territorial y operen con total impunidad. 

La falta de una estrategia real de combate al crimen organizado ha llevado a Estados Unidos a tomar medidas drásticas, que no solo afectan a la economía mexicana, sino que también reflejan la desconfianza internacional en la capacidad del Gobierno de México para frenar la violencia y la crisis migratoria.

México cerró el sexenio de López Obrador con 199 mil 619 homicidios dolosos, la cifra más alta de la historia reciente del país, y con el 92 por ciento de los delitos en total impunidad. 

Además, según la DEA y el Departamento de Justicia de Estados Unidos, los cárteles mexicanos han diversificado sus operaciones y controlan gran parte de la producción y tráfico de fentanilo, convirtiéndose en la principal amenaza de salud pública en Estados Unidos.

La respuesta de Donald Trump es clara: si el Gobierno de México no enfrenta al narcotráfico, impondrá costos directos a su economía y enviará de regreso a los migrantes que cruzan la frontera ilegalmente.

Morena no solo ha fallado en la seguridad interna, sino que ahora pone en riesgo la estabilidad económica del país.

Las políticas fallidas de Morena se reflejan en la vida diaria de los mexicanos.

El crimen organizado ha convertido a varios estados en zonas de guerra. Entidades gobernadas por Morena como Zacatecas, Guerrero y Michoacán, presentan las tasas más altas de homicidios, desapariciones y desplazamiento forzado.

En contraste, estados con gobiernos responsables, como Coahuila, han logrado mantener la seguridad y atraer inversiones millonarias que sostienen el empleo y la calidad de vida de su población.