Ciudad de México.- El consumo de alimentos ultraprocesados sigue en aumento a nivel mundial, y México se encuentra entre los países más afectados por este fenómeno. Se trata de productos industriales diseñados para ser altamente rentables, duraderos y atractivos al paladar, pero con un contenido nutricional bajo en fibra y proteína, y elevado en calorías, grasas saturadas, azúcares añadidos y sal. Investigaciones recientes señalan que este patrón alimentario contribuye significativamente al incremento de enfermedades crónicas relacionadas con la dieta.
En México, la ingesta energética de estos productos ha pasado del 10% al 23% en las últimas cuatro décadas, un cambio que coincide con el aumento de la obesidad, la diabetes tipo 2 y otras enfermedades crónicas. Niños y adolescentes son especialmente vulnerables, ya que la proporción de energía que obtienen de alimentos ultraprocesados se correlaciona con un alto consumo de azúcares libres. Esta tendencia se observa también en otros países de América, Europa y Asia, donde la dieta moderna cada vez depende más de estos productos.
Los especialistas recomiendan identificar los alimentos ultraprocesados en la vida diaria, reconociendo aquellos que contienen ingredientes industriales poco comunes en casa y múltiples aditivos para mejorar sabor, textura y color. Refrescos, galletas, cereales endulzados y papas fritas son algunos ejemplos comunes. Sustituir estos productos por alimentos frescos y mínimamente procesados, además de mantener un estilo de vida activo, se presenta como una estrategia clave para reducir el riesgo de enfermedades crónicas y preservar la salud a largo plazo.






