Culiacán, Sinaloa.– Lo que debía ser una fiesta deportiva en el cierre de temporada de la Liga Mexicana del Pacífico se convirtió en un escenario de protesta. Antes del encuentro, se convocó a la afición a expresar su rechazo a la violencia que ha golpeado a la ciudad en los últimos meses, recordando las movilizaciones del 23 y 26 de enero, cuando miles gritaron consignas en las calles.
En la séptima entrada, la indignación se hizo presente. Detrás del home, dos mujeres alzaron pancartas exigiendo paz, mientras que miles de aficionados vestidos de blanco acompañaron el mensaje con gritos de protesta. El gesto simbolizó la frustración de una comunidad que no solo lamenta los malos resultados deportivos, sino también la crisis de seguridad que ha cobrado la vida de más de 800 personas y ha dejado más de mil desaparecidos.
Culiacán se ha convertido en una de las ciudades más golpeadas por la violencia en el país, y asistir a un partido de béisbol es, para muchos, un acto de resistencia. Con la inseguridad dominando las noches y madrugadas, la afición dejó claro que no solo exige mejores resultados en el diamante, sino también en las calles.







