ASÍ SUCEDIÓ, ASÍ FUE: Judy Garland falleció en Londres, Reino Unido, el 22 de junio de 1969, a causa de una sobredosis de barbitúricos. Su cuerpo embalsamado llegó a la ciudad de Nueva York el día 27. Sus restos fueron alojados en el velatorio Frank E. Campbell, ubicado en la calle 81 entre las avenidas Fifth y Madison. La fila para darle el último adiós superó los 80,000 dolientes, entre mujeres y hombres de todas las edades, incluyendo monjas, sacerdotes, pordioseros, hippies y -por supuesto- a cientos de hombres homosexuales, jóvenes y viejos, que eran sus fans más devotos.

El siguiente viernes -28 de junio- el bar gay The Stonewall Inn, ubicado en la calle Christopher, junto a Sheridan Square en el corazón del aguerrido y populachero barrio de Greenwich Village, organizó una velada de remembranza y nostalgia en homenaje a su ídolo. Su popularidad entre la población homosexual estaba tan arraigada, que para averiguar si alguien era gay, se acostumbraba preguntarle «¿eres amigo de Dorothy?», refiriéndose a la protagonista de El Mago de Oz.

Esa noche de viernes, The Stonewall Inn estaba abarrotado de clientela; algunos estaban vestidos como personajes de las películas de la Garland; y otros, como ella en sus conciertos. Muchos compartían sus anécdotas: si la habían visto en la calle o de compras, si habían asistido a algún concierto suyo, si tuvieron la inmensa suerte de conocerla en persona, si se habían enamorado de otro hombre en un cine mientras veían alguno de los filmes de Judy etc.

Entonces, tal como había sucedido en muchos otros fines de semana, llegó la policía a hacer una redada. Pocas víctimas de la brutalidad policiaca eran tan redituables como los hombres homosexuales, una minita de oro: no solo era fácil extorsionarlos, sino que como la mayoría eran solteros, tenían menos gastos que los casados. Pero de pronto, entre los gritos de «todos para afuera y a las camionetas», voló una botella que se estrelló en la cabeza de un policía. La clientela -travesti o no- se hartó no solo del abuso de poder, sino del ultraje contra su duelo. Luego vinieron los taconazos en el rostro de los gendarmes, luego los macanazos y las pedradas, luego el caos. Una semana duraron los disturbios, a los que se unieron cientos de homosexuales llegados de todo Manhattan. Así comenzó la rebelión del Stonewall. Así comenzó la lucha por nuestros derechos: esa fue la mecha que encendió la revuelta mundial.
Entérate, agradece y rinde homenaje a quienes te antecedieron, primero en la indignación y luego en el orgullo.







